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Pruebas débiles

Pruebas débiles



Por Federico Salazar



Una sanción drástica sobre un asesinato como el de Barrios Altos y La Cantuta debe tener una prueba sólida e indubitable. Lamentablemente, no es el caso de la sentencia sobre el ex presidente Fujimori.



Fujimori, para los jueces, es autor mediato de homicidio calificado. Se basan en el “dominio de la voluntad en aparatos de poder”. Quien conduce un aparato criminal es autor de sus actos delictivos.



La estrategia clandestina fue “la identificación, ubicación, intervención y eliminación física de los integrantes y simpatizantes de los grupos terroristas” (art. 745, inc. 5).



Entre las pruebas los jueces recogen algunas directivas militares, que muestran líneas de mando, pero ninguna luz sobre la guerra sucia. La mayor carga incriminatoria está en las declaraciones de un testigo, que dijo haber escuchado a Martin Rivas decir que el presidente estaba molesto porque en Barrios Altos había muerto un niño.



Se consigna, además, un documento de inteligencia de la Embajada norteamericana, aunque no se indaga sobre su elaboración.

“Es asumible, por consiguiente, a la luz de la evidencias analizadas, que en el SIN, a instancias e impulso de VMT, se gestó la lucha clandestina o ilegal a través del desarrollo de OEI, autorizada, según se desprende de autos, por Alberto Fujimori Fujimori” (art. 644).



Así lo “determina”, agrega la sentencia, su posición como jefe de Estado. Lo determinan, “a la par”, “sus vínculos directos y dación en cuenta rigurosa de los asuntos de inteligencia por parte de Montesinos Torres”.



La lógica se debilita en la fundamentación. En el artículo siguiente se dice: “No hay duda, entonces, que la aprobación provino del presidente de la República” (645).



De algo “asumible” se pasa a “no hay duda”. La sentencia está plagada de estas inconsistencias, revestidas de retórica jurisprudencial.



¿Queda demostrado que Fujimori planeó y dictaminó guerra sucia porque Montesinos le informaba de todo?

Hay que asumir que Montesinos nunca actuó por su cuenta y se limitó siempre únicamente a obedecer al ex presidente. Es para pensarlo.



Fujimori encumbró a Montesinos, impidió que se lo investigara, lo encubrió. Fujimori no es la Madre Teresa de Calcuta que pretende su defensa.



Ese encubrimiento merece drástica condena, sin beneficios. Sin embargo, eso no es “autoría mediata”. No, al menos, hasta donde nos llevan las pruebas.



En aras del estado de derecho que Fujimori quebró, deberíamos sentenciarlo por los delitos que podemos probar, y no sólo por los que resultan “asumibles”, con escaso rigor lógico y “pruebas” de precaria calidad judicial.

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Federico Salazar Federico Salazar

Federico Salazar cursó estudios de Filosofía en la Universidad Mayor de San Marcos, fue profesor de comunicación en la Universidad San Ignacio de Loyola, co-conductor de programas periodísticos en Radioprogramas del Perú. Ha sido jefe de la sección financiera del diario La Prensa, editor de la revista Meridiano de Lima, columnista de los diarios Expreso, Ojo, Universal y Gestión.

 

Fue encargado de la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Comunicación de la Universidad San Ignacio de Loyola y es profesor de cursos de periodismo en el Centro Cultural de la Universidad Católica y la Universidad Particular San Martín de Porres, así como director de la revista mensual Quid. Actualmente se desempeña como periodista en el noticiero de América Televisión "Primera Edición".

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