Por Federico Salazar
El candidato presidencial Ollanta Humala no ha sido desmentido. A pesar de las aclaraciones de la embajadora de los Estados Unidos, no se puede decir que sus declaraciones hayan sido mentirosas.
La embajadora se reunió con Humala para darle a conocer el contenido de “cables” de WikiLeaks que lo aludían. El candidato, que es eso y no un diplomático, reveló el contenido de la conversación privada.
Humala cometió el error de dar a entender que el expresidente Toledo había requerido personalmente a la Embajada de los EEUU apoyo para neutralizar políticamente a Ollanta Humala en 2005. Una inexactitud, sin embargo, no es igual a una mentira.
Humala, por tanto, puede ser precisado, pero no desmentido. Hasta donde sabemos ahora, funcionarios del gobierno de Toledo sí acudieron a la Embajada. Sí pidieron apoyo para la susodicha finalidad.
Podemos discutir si los funcionarios fueron por iniciativa propia o si fueron enviados por Toledo. Sin embargo, no se puede desconocer el hecho esencial: el gobierno de Toledo pidió tal apoyo.
La embajadora no puede incomodarse por el hecho de que Humala haya revelado el contenido de la conversación privada. Llama la atención más bien, la candidez con que se maneja la diplomacia estadounidense.
Si llevo un chisme a un té de tías es obvio que se encargarán de difundirlo. Esta campaña política es un té de tías. ¿A quién se le ocurre decirle a un candidato algo que puede usar en su favor electoral?
El problema de la diplomacia norteamericana es esa especie de etnocentrismo. Cree que todos los pueblos tienen, en todos los casos, la misma reglas de etiqueta política. No es así, pues, y hay que ser bien limitado para pensarlo.
¿Para qué tenían que reunirse con los candidatos aludidos en los Wikileaks? ¿Para qué hacen reuniones reservadas en un proceso electoral?
La diplomacia estadounidense tiene los cuidados que puede tener un elefante ingresando a una vidriería. Su acercamiento a aquellos entre quienes está el futuro gobernante peruano ha sido un desastre.
Es un error del humalismo usar este episodio para amenazar con un incendio. Si Toledo ganase las elecciones, ha dicho Daniel Abugattás, vocero de la bancada humalista, su partido reclamará la vacancia inmediata “por traición a la patria e incapacidad moral automática”.
Lo que pudo ser una ventaja electoral se arruina con este tipo de desplantes, y se convierte más bien en una desventaja. El humalismo debería aprender algo de la diplomacia norteamericana y la diplomacia norteamericana, algo de la criollada de Humala.
