Sin quererlo, el gobierno ha logrado afirmar una nueva Constitución. La inacción, el temor y la vacilación han modificado la estructura del poder político.
En la Carta de 1993 se decía que la soberanía sobre el territorio la ejercía el Estado (art.54). En Cajamarca la ejercen algunas comunidades. El gobierno no tiene ahí jurisdicción ni soberanía.
La soberanía sobre el territorio la tienen, en Cajamarca, el presidente regional, el presidente del Frente de Defensa Ambiental y algunas oenegés. Ahí se hace no lo que manda la ley sino lo que coordinan y ordenan los dirigentes.
La Constitución decía que los recursos naturales, renovables y no renovables son patrimonio de la Nación (art. 54). Ahora ya no, son patrimonio de las comunidades cercanas a donde estos recursos se encuentran.
La Constitución decía que los recursos naturales eran patrimonio de la Nación y que la Nación era personificada por el Presidente (art. 110). O sea, el Presidente mandaba sobre los recursos, ateniéndose a la ley.
Lo que ha sucedido con el proyecto minero Conga cambia los roles. El Presidente ya no es quien personifica a la Nación ni la Nación tiene soberanía sobre los recursos naturales.
El cambio constitucional no se ha dado por los cauces formales del derecho. Se está dando a través de la protesta callejera y el bloqueo de las carreteras. No hay libre tránsito en Cajamarca. Puede usar la carretera el que tiene permiso de los dirigentes.
La soberanía, por lo tanto, no la tiene la ley ni la exige el presidente de la República. Él quizá pueda mandar en Lima, pero es evidente que en Cajamarca no.
La situación podrá imitarse en otros lugares. Si seguimos ese proceso, se habrá de consagrar el cambio de Constitución. Pasaremos de la Constitución de 1993 a la “Constitución” de los acuerdos entre los dirigentes.
Los acuerdos pueden cambiar y se resuelven a cada momento. Es decir, esta nueva Constitución en realidad no cumple la función de una Constitución. Pasaremos, en realidad, a un orden sin ley pero con mandatos.
Perdido el principio de autoridad, se pierde todo lo demás. No habrá crecimiento ni mejora económica sobre estas arenas movedizas. Habrá el pulso cambiante de las asambleas y las movilizaciones.
Para evitar ir por ese camino se requiere un cambio de timón. Se necesita liderazgo, resolución, autoridad. Y se necesita muy pronto.
No solo está de por medio el proyecto Conga, sino sobre todo la inversión, las decisiones, la confianza. Todo eso se perderá si no hay un cambio radical en el ejercicio del poder constitucional.
