Por Federico Salazar
Un miembro de la FAP vende secretos militares a Chile. Es un escándalo. No es mayor, sin embargo, al de los magistrados supremos que viajaron a París con sus esposas, invitados por una universidad que ventila más de 100 casos en el Poder Judicial.
El presidente del PJ, Javier Villa Stein, ha dicho que cursó oficios al Consejo Nacional de la Magistratura, al Congreso y a la Fiscalía para que los investiguen. No será fácil. Francisco Delgado de la Flor, miembro del Consejo Nacional de la Magistratura, dijo que “si Alas Peruanas (la universidad en cuestión) me financia un viaje, encantado aceptaría”. Delgado de la Flor dice que aprecia la amistad que tiene con el rector de dicha casa de estudios.
Delgado se inhibió del caso, pero dejó la duda sembrada. ¿Es normal que los magistrados hablen así de sus amigos litigantes? ¿Es bueno que pongan la amistad tan “alto”?
Me da la impresión que en el CNM no hay independencia, no hay imparcialidad, no hay equilibrio. No hay ni siquiera un mínimo sentido de la etiqueta judicial.
En el Congreso, Mercedes Cabanillas, Wilder Calderón, Mauricio Mulder y José Vargas han viajado a Finlandia, pagados por Alas Peruanas. Calderón es asesor de la universidad y ha presentado proyectos que la favorecerían.
El congresista Edgar Núñez, por su lado, es vicerrector de Alas Peruanas. Además, le alquila terrenos a la misma universidad, por sumas que no corresponden a las del mercado. Es el congresista que no reconoció a sus hijas y que no les pasa manutención.
Entonces, ¿quién va a investigar a los magistrados? ¿Sus compañeros de viaje?
Adicionalmente, ¿quién va a investigar a la universidad? ¿Sus doctores honoris causa, sus socios, sus invitados? ¿Los amigos del rector?
Es una vergüenza que un magistrado acepte viajar en primera clase, junto con su esposa, pagado por una universidad. Los dos magistrados viajeros son Francisco Távara Córdova y Jorge Solís Espinoza.
Távara dice que viajó a París porque lo invitaron a dictar una conferencia sobre Vallejo. Las esposas, agregó, viajaron pagadas por ellos mismos, los magistrados.
Pagó esos pasajes adicionales la Agencia de Viajes de la Universidad Alas Peruanas. Távara no nos contó toda la verdad. Pero, sobre todo, trata de sostener una forma de proceder inaceptable.
Alas Peruanas ha realizado una especie de cooptación de funcionarios. ¿Quién investigará esos lazos? Solo queda confiar en la prensa, porque los fiscalizadores carecen de independencia y, en algunos casos, del mínimo decoro.
