La pareja presidencial ha confirmado su completo viraje hacia la derecha en su gira europea. Mientras tanto en el Perú los izquierdistas están cada vez más desconcertados. Su principal dilema ahora es mantenerse dentro de un gobierno que no los quiere o terminar de salir y pasar abiertamente a la oposición.
Idas y venidas
La congresista izquierdista Rosa Mavila anunció la ruptura y la conformación de una nueva bancada, y al día siguiente se desdijo. El presidente del Congreso, Daniel Abugattás, prácticamente terminó de botarlos, diciéndoles que tienen las puertas abiertas para irse, y la vicepresidenta Marisol Espinoza señaló al día siguiente que no pasa nada, que todos están muy unidos y contentos en la misma bancada.
El premier Óscar Valdés, recordando que es un comandante EP (r) atacó a la Comisión de la Verdad (CVR) acusándola de haber “teatralizado” los testimonios para perjudicar a los militares, y al día siguiente sostuvo que en realidad no dijo lo que sí dijo y que lo habían malinterpretado.
Antes Valdés había alabado el gobierno de Alberto Fujimori, aunque precisando que solo el primer período, 1990-95, es decir, el del golpe del 5 de abril de 1992, Barrios Altos, La Cantuta, etc. Aunque después aclaró que en realidad no estaba de acuerdo con todo eso.
Algunos desencantados dicen que Valdés hubiera podido ocupar el cargo que detenta, o cualquier otro, en un eventual gobierno de Keiko Fujimori. Eso es más bien dudoso, porque Valdés no fue instructor de Keiko, como sí lo fue de Humala. La impronta militar es característica del humalismo.
Humala no hará abortos
Sin el asesor Luis Favre, Humala no suele encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que quiere decir. Refiriéndose a minas Conga sostuvo: “tengo que heredar una criatura de seis meses de vida. Yo no voy a hacer un aborto y debemos ver cómo solucionamos los problemas que se le cuestionan a la criatura” (La República, 26/1/12).
En verdad, él no encontró ninguna criatura de seis meses. Las exploraciones, estudios y audiencias públicas de ese proyecto minero demoraron muchos años, como es normal. Y su construcción empezó exactamente cuando Humala se hizo cargo del gobierno.
Por coincidencia, los directorios de Newmont y Buenaventura que aprobaron el inicio de Conga se realizaron el 27 de julio de 2011, como informaron los medios, un día antes de la toma de posesión de Humala. Así es que Conga y el gobierno de Humala son contemporáneos.
Lo importante a destacar, sin embargo, es la falta de liderazgo y de convicción de Humala. Ha dicho “Conga va”, pero tiene miedo de asumir los motivos para esa toma de posición: el Perú es un país minero y sin minería no habríamos tenido el crecimiento de la última década, ni habría 50 mil millones de dólares en reservas, Conga es la inversión más grande en la historia del Perú –si cae Conga caerán las otras inversiones mineras y probablemente otras no mineras–, da empleo a miles de trabajadores, sobre todo cajamarquinos, proporcionará más agua de la que hay ahora, etc.
Lo que dice Humala es: eso lo encontré y no me queda más remedio que seguir adelante. Como es obvio, es un argumento muy débil en medio de un problema que ha generado una gran controversia y que es el tema central de ataque de sus ex partidarios. Una muestra más de la falta de liderazgo de Humala.
Goyo “Pol Pot” Santos
La acusación al presidente regional de Cajamarca de ser el Pol Pot peruano es también una muestra de la ignorancia de Humala y de la falta de rumbo de su gobierno.
Hasta hace muy poco, el gobierno a través de todos sus voceros, ha argumentado que tiene que negociar con Santos porque es la autoridad democráticamente elegida. El actual premier y el anterior se reunieron con Santos y trataron de llegar a acuerdos con él.
Y ahora nos enteramos que Santos es el sucedáneo de uno de los más brutales genocidas del siglo XX.
Santos, además, fue uno de los más firmes aliados en provincias de Humala en la campaña electoral de 2011, se reunió con él y estableció un compromiso de ayuda mutua.
En suma, esto confirma el viraje de ciento ochenta grados de Humala a la derecha, pero también su oportunismo (algunos lo llaman pragmatismo) e ignorancia. Está bien que Santos sea hoy día un adversario, pero la comparación con Pol Pot está fuera de lugar. Y se expone a respuestas como la de Santos: “Yo no estoy procesado por desapariciones forzadas ni por violaciones de derechos humanos”.
Peor aún, si la política del gobierno que durante meses era separar a Santos de Wilfredo Saavedra, al parecer ahora consiste en hacer que todos sus enemigos se unan, lo cual no parece ser precisamente una estrategia inteligente.