Por Fernando Rospigliosi
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El escándalo de Alas Peruanas compromete a los apristas Mercedes Cabanillas, Mauricio Mulder, Edgar Núñez, Wilder Calderón y a algunos humalistas ¿Alguien se sorprende?
Las pugnas entre el actual presidente de la Corte Suprema, Javier Villa Stein, y el anterior, Francisco Távara, detonaron el escandaloso viaje de dos vocales supremos a París, con sus esposas, en primera clase, a un evento de homenaje al poeta César Vallejo.
La conferencia, organizada por la Universidad Alas Peruanas, (UAP) era a todas luces un mero pretexto para encubrir lo que tiene todas las características de un soborno (ver relato de Wilson Hernández en Ideele Radio). De paso, también encubrió el paseíto a París, con los gastos pagados, del rector de la UAP, Fidel Ramírez, un sujeto que afronta varios juicios en el Poder Judicial que dirigió Távara en el período anterior, y sobre el que sigue teniendo indudable influencia.
Normal, nomás
Francisco Távara desempeñó un papel razonable durante su presidencia y así fue reconocido por muchos expertos. Por eso sorprende la manera cómo ha afrontado la denuncia.
Ha salido a defenderse como si se estuviera mancillando con mala leche su honra. No reconoce ninguna falta, ni siquiera un atropello a la ética.
En Estados Unidos, Inglaterra o Suecia, si pillan a un funcionario en ese trance, sale al día siguiente y lee una declaración reconociendo su error, pidiendo perdón y renuncia al cargo en el acto. Y, por supuesto, desaparece para siempre de la vida pública.
La diferencia entre el desarrollo y el subdesarrollo no sólo radica en el PBI per cápita, sino –quizás más importante– en el peso de la opinión pública y en la necesidad que los funcionarios rindan cuentas ante los ciudadanos. No es que allá no haya sinvergüenzas ni pillos. Los hay en todas partes, la distancia está en los mecanismos legales, políticos y morales de sanción a la corrupción.
Aquí los propios involucrados ni siquiera se dan cuenta de la gravedad de sus actos. Y si son conscientes de ello, saben también que lo más probable es que no les pase nada porque están protegidos por una red de corrupción a prueba de balas.
Piel de chancho
Es el caso, por ejemplo, de los congresistas. Edgar Núñez, que se ha hecho conocido sólo por los escándalos en los que ha estado inmerso, funge de vicerrector de esa universidad.
Núñez se ha paseado por el mundo pagado por Alas Peruanas. Europa y Asia lo han recibido en varias oportunidades gracias a la generosidad de una universidad que tiene como una de sus subsidiarias una agencia de viajes. Muy justificada decisión, por cierto, si uno de los rubros del negocio es aceitar funcionarios judiciales y políticos para obtener protección.
El negocio de Núñez va más allá, porque él le alquila locales a la UAP en Ica y obtiene, según La República, pingües beneficios. (“El rol de Núñez en el vuelo de UAP”, 12.11.09).
En los cielos del Perú
Mejor le va todavía a otro aprista que recién sale de las tinieblas del peor Congreso del que se tenga memoria, Wilder Calderón, que funge como asesor de la UAP. Calderón, además de viajero empedernido con fondos de la UAP, resulta socio de Fidel Ramírez en una novísima empresa aérea que obtuvo los permisos de funcionamiento a la velocidad del rayo, en el Ministerio de Transportes controlado por el Apra.
La experta en educación del Apra, Mercedes Cabanillas, no podía ser ajena al turismo pedagógico que patrocina la UAP. Finlandia, España, Francia, Israel están entre los países que ha visitado gracias a la desinteresada generosidad de Fidel Ramírez, acompañada en ocasiones por Mauricio Mulder.
La esposa del congresista aprista César Zumaeta, involucrada hace poco en una oscura operación inmobiliaria, ha aparecido también en otro negocio dudoso con la UAP (“Terreno UAP en Comas sería ilegal”, La República, 13.11.09).
Por todos los poros
Algunos miembros del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), encargado de revisar la situación de los vallejianos vocales de la Corte Suprema, se han abstenido porque ellos también han disfrutado de los favores de la UAP. De hecho, el CNM no es un organismo que inspire confianza a nadie.
La podredumbre aflora en todas las instituciones encargadas de fiscalizar al poder. Un faenón cuyo mérito –no hay que regateárselo– le corresponde al Apra en el gobierno, y no sólo a nuestra larga tradición de inmoralidad. Por los antecedentes del primer período aprista, era previsible. Pero no por eso deja de ser indignante.
¿Algunos de los candidatos que se vislumbran ahora con posibilidades el 2011 tiene como meta cortarle las alas a la corrupción?
