Los antimineros de Cajamarca estaban perdiendo el partido en la cancha, la huelga se desmoronó, el paro de dos días que realizaron en nueve provincias de esa región fue un fracaso completo. Pero ahora empiezan a ganar en la mesa. ¿Qué ocurrió?
Mano temblorosa
Los últimos días ha habido una curiosa coincidencia entre izquierdistas y derechistas, señalando que estamos ante un gobierno de “mano dura”. Unos lo denuncian, otros lo alaban. Ambos están equivocados: lo que hay es una mano temblorosa.
El jueves, el gobierno levantó el estado de emergencia (EE) en Cajamarca, cediendo a la exigencia de los cabecillas de la paralización.
En realidad, el EE fue solamente una medida formal y disuasiva. No hubo ninguna consecuencia práctica, es decir, no se detuvo a personas sin mandamiento judicial, no se impidió el libre tránsito, etc. Pero para las miles de personas que no están de acuerdo con la revuelta y la violencia de los antimineros era una suerte de garantía, de protección simbólica, una señal de que el Estado se acordaba de ellos y los amparaba.
Los dirigentes antimineros han logrado que el gobierno retroceda otra vez a cambio de nada. Salvo que se considere una concesión, esa absurda demanda del premier para que levanten una huelga que para todo fin práctico había concluido el 4 de diciembre.
A los antimineros el gobierno les ha regalado una victoria política y sicológica.
Parálisis
Lo peor de todo es que los antimineros, a pesar de haber sido derrotados cuando la huelga se terminó sin que ellos lo decidieran, ni lo quisieran, siguen imponiendo condiciones. Los trabajos de minas Conga están paralizados desde el 24 de noviembre, hace más de tres semanas, por decisión de un grupo de dirigentes izquierdistas disfrazados de ambientalistas.
Como es obvio, cada día que pasa con la construcción paralizada es un triunfo para ellos y una pésima señal no solo para los inversionistas sino para todo el país.
Ahora se iniciará una “mesa de diálogo” con los que protagonizaron los disturbios violentos y que no se han movido un milímetro de su posición: “Conga no va”.
Es más, lo reafirmaron el lunes 5 de diciembre, cuando el Consejo Regional de Cajamarca, dominado por Patria Roja, aprobó por unanimidad una ordenanza que declara “inviable la ejecución del proyecto Conga”, así como cualquier proyecto en las cabeceras de cuenca de toda la región. Como ellos consideran cabecera de cuenca a todos los cerros, es una prohibición absoluta a la minería en ese departamento.
Ganar en la mesa
La estrategia de los antimineros es ganar el partido, literalmente, en la mesa. Primero, alargando y postergando todo lo que sea posible la discusión. Segundo, pretendiendo que el “peritaje” sea un cuestionamiento total del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) aprobado en su momento en audiencia pública por los pobladores de las comunidades y por el Ministerio de Energía y Minas.
El presidente Ollanta Humala dijo, a mediados de noviembre, “Conga va”. Y también precisó que el proyecto tenía el EIA aprobado y que eso no estaba en discusión.
Ahora el ministro del Ambiente, Manuel Pulgar Vidal, habla de un peritaje internacional, sin precisar que se trataría de un estudio para ver qué cosas se pueden mejorar del proyecto minero, no de una suerte de arbitraje para ver si “Conga va” o “Conga no va”.
En cualquier caso, el gobierno ya está perdiendo. En Cajamarca –y en todo el país– se está interpretando el peritaje internacional como lo dicen los antimineros, que son los únicos que hablan. En este caso, el gobierno calla y otorga.
Por último, como muestra la experiencia de otros conflictos, los antimineros van a rechazar cualquier peritaje que no diga lo que ellos quieren: “Conga no va”. Si alguien piensa que existe alguna posibilidad, por mínima que sea, que eso no ocurra, no entiende absolutamente nada de conflictos sociales.
Un avance
Es positivo que el ministro de Vivienda, René Cornejo, y otros más hayan ido a Cajamarca y anunciado que construirán una represa que resolverá el problema del agua de gran parte de la población, además de otras obras para el departamento. Es decir, parte de los impuestos que paga la minería revertirán ahora de esta forma a la región, ya que el canon ha resultado un fracaso.
También es provechoso que esos ministros estén dialogando con alcaldes y otros representantes sobre los problemas concretos que le interesan a la población.
Pero de poco servirá todo esto si el gobierno no autoriza de inmediato el reinicio de las actividades de Conga. En vísperas de fiestas y ya iniciadas las lluvias, será muy difícil para los antimineros volver a declarar una huelga. Paralelamente, pueden avanzar en el diálogo con los que quieran hacerlo.
