Por Fernando Rospligliosi
frospigliosi@larepublica.com.pe
La acusación de apoyar y encubrir a Vladimiro Montesinos no es nueva, pero ahora viene de un agente de la propia CIA. La Agencia atraviesa por su peor crisis.
Franz Boening, un agente de la CIA, presentó una denuncia ante la Inspectoría de esa institución porque la Agencia Central de Inteligencia podría haber infringido las leyes de los Estados Unidos al haber brindado apoyo a Montesinos, un delincuente acusado de narcotráfico, lavado de dinero, tráfico de armas y violaciones a los derechos humanos (aunque probablemente la CIA jugó un papel decisivo en su caída luego de que se enteró del tráfico de armas a las FARC).
Boening, que laboró en la CIA durante 25 años, desde 1980, hizo su denuncia el 10 de mayo del 2001 y recién ha logrado que sea desclasificada y se haga pública, según informó el diario Nuevo Herald, de Miami.
LA CAÍDA
Los errores de la CIA a lo largo de seis décadas le han costado muy caro a la Agencia, al punto que hoy día ha perdido autoridad, influencia y prestigio. En el 2005, la CIA dejó de ser la cabeza del sistema de inteligencia norteamericano y se convirtió en una más de las 16 agencias de inteligencia. El DCI, el director de la CIA, que era el jefe del sistema, está hoy subordinado al Director de Inteligencia Nacional.
La CIA perdió la batalla de más de medio siglo con los militares, que hoy dominan la inteligencia de los EEUU. Una muestra de ello es que un general del Ejército es el director de la CIA.
Estas son las conclusiones de un enjundioso trabajo de Tim Weiner, periodista del New York Times, que ha publicado “Legado de cenizas. La historia de la CIA”, recorriendo en sus más de 700 páginas los avatares de la Agencia, desde su fundación en 1947 hasta hoy día.
La idea central de Weiner, que ha tratado el tema durante más de dos décadas, es que los EEUU son una potencia de primera con un servicio de inteligencia de segunda.
FALLAS DEL ESPIONAJE
Weiner sostiene que la CIA fracasó en lo que debió ser su principal objetivo: tener información cierta y oportuna sobre los enemigos de los EEUU, sus intenciones, fuerza real y amenazas efectivas.
El periodista –que ha basado su trabajo en trescientas entrevistas a funcionarios de la CIA, incluyendo a diez directores, y la revisión de 50,000 documentos– desnuda las carencias de la CIA con numerosos ejemplos.
Según Weiner, la CIA nunca tuvo información de calidad sobre la Unión Soviética. Jamás llegaron a penetrar el Kremlin ni a descubrir las verdaderas fortalezas y debilidades de la cúpula comunista. Menos a advertir el decaimiento de la URSS y su derrumbe a fines de los 80. También falló en Corea, Vietnam y Cuba.
Pero la cereza que coronó el pastel fue el fiasco de Irak, cuando la CIA aseguró que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva y propició el papelón del Secretario de Estado Colin Powell en las Naciones Unidas. Y, mucho peor, posibilitó que los EEUU se embarcaran en una guerra que ha costado miles de vidas norteamericanas, miles de millones de dólares y que hoy no tiene solución, “el precio que se paga en sangre y en dinero cada vez que la CIA se equivoca”.
Weiner atribuye en parte este yerro monumental al carácter obsecuente del director George Tenet, obsesionado en complacer a su jefe George Bush.
El déficit de lo que Weiner considera el objetivo prioritario de un servicio de inteligencia, el espionaje, se debe al enorme peso que cobraron, desde un principio, otras tareas, las actividades encubiertas, las acciones paramilitares y la guerra sicológica.
PRESUPUESTO Y PERSONAL
No se crea que el futuro es mejor, dice Weiner. Por un lado, los militares han logrado el control de la inteligencia. Y por otro, gran parte de la inteligencia se ha privatizado. Las empresas privadas de seguridad manejan presupuestos de 50,000 millones de dólares al año, mientras que el de la CIA es de 5,000 millones, diez veces menos. Y es el uno por ciento del presupuesto de seguridad de los EEUU, unos 500,000 millones de dólares, básicamente manejado por el Pentágono.
Pero quizás lo más preocupante es la calidad del personal. Muchos agentes experimentados se han ido al sector privado que paga mejor, incluyendo al jefe de contraterrorismo de la CIA. Y el reclutamiento de nuevos agentes es hoy día mucho más difícil, y no solo porque el sector privado otorga mayores remuneraciones.
Los jóvenes capaces e idealistas, que quieren servir a su país, difícilmente se enrolarán en una organización desacreditada después de fracasos como el de Irak y manchada por la historia de torturas y abusos que han ocurrido después del 11 de setiembre, autorizadas y propiciadas por el presidente Bush. Ese es un círculo vicioso muy difícil de romper.

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