Con la captura de “Artemio” terminan casi tres décadas de presencia de Sendero Luminoso en el Alto Huallaga. No hay ningún líder que pueda mantener la cohesión de las pocas decenas de terroristas en esa región.
Seguramente los sobrevivientes se dispersarán después de algún tiempo, algunos integrándose directamente a las “firmas” del narcotráfico, otros formando sus propias bandas delincuenciales y algunos ocultándose entre la población.
Trabajo persistente
En los últimos seis años, desde principios del 2006, la Policía ha capturado o abatido a todos los cabecillas senderistas de la zona, “Clay”, “JL”, “Lee”, “Piero”, “Izula” y varios otros. Ya no queda ninguno con capacidad suficiente para encabezar a los remanentes terroristas.
El operativo para capturar a “Artemio” fue dirigido por dos mayores de la División de Investigaciones Especiales (Divinesp) de la Dirección Antidrogas (Dirandro) de la Policía, “Bica” y “René”. Ellos tienen larga experiencia en la zona y han participado en varias acciones exitosas en los últimos años.
Los policías captaron a algunos senderistas ofreciéndoles inmunidad y la jugosa recompensa que se ofrecía por “Artemio”. Para posibilitar que se acercaran lo más posible al cabecilla, a principios de enero detuvieron a Marino Tapullima, “Dante”, que fue reemplazado por uno de los “topos” de la Policía.
(Ángel Páez, Doris Aguirre, María Elena Hidalgo, “‘Bica’ y ‘René’, los agentes que sembraron al topo para lograr la captura de ‘Artemio’”, La República, 14/2/12).
Las cosas funcionaron de acuerdo a lo planeado y los “topos” se acoplaron al círculo más íntimo de “Artemio”. Al parecer, uno de ellos le disparó con una escopeta y logró herirlo (otra versión es que fueron policías los que dispararon), posibilitando su captura unas horas después.
En suma, una excelente y exitosa operación de inteligencia de la Policía.
Naturalmente, el gobierno ha tratado de atribuirse la victoria. Como dijo el premier Óscar Valdés, la operación “fue fruto de la nueva estrategia contra el narcoterrorismo que aplica el gobierno del presidente Ollanta Humala”. (La República, 14/2/12). Nunca han explicado qué de nuevo han aportado.
Infiltrados
Desde hace tiempo la Policía venía ensayando la infiltración y sembrando la disensión en la filas senderistas. El sanguinario “Piero” también fue abatido por uno de sus propios compañeros y a otros se pudo llegar gracias a la delación de algunos terroristas comprados con dinero o capturados y devueltos al monte como colaboradores.
El 2010, en la operación “Eclipse”, esa misma unidad policial infiltró un cocalero con una cámara de video que captó a “Artemio” en una reunión.
La Policía tiene larga experiencia en ese tipo de operaciones. Así fue como capturaron a Abimael Guzmán y la cúpula senderista en 1992.
De hecho, algunos de los actuales efectivos de la Dirección Antidrogas vienen de la Dirección Contra el Terrorismo.
A la defensiva
Después de un largo paréntesis, “Artemio” reinició los ataques a las fuerzas del orden en junio del 2004. Durante varios años realizó emboscadas y ataques asesinando a policías, militares y funcionarios.
Pero los golpes que recibió de la Policía lo redujeron a una posición defensiva desde el 2008 aproximadamente. Trató de encubrir su debilidad dando entrevistas y haciendo llamados a la negociación.
Al final, se entregó sin resistencia, pidiendo que respeten su vida, al igual que Abimael y la mayoría de dirigentes de la banda criminal, que mandaban asesinar sin compasión a hombres, mujeres y niños.
Capturar o abatir
Lo que funcionó en el Alto Huallaga es la inteligencia policial, las operaciones de infiltración, el incentivo de las recompensas y la acción de grupos pequeños actuando sobre el terreno.
Todas las ideas que repiten los militares sobre enviar batallones de ingeniería, hacer obras, dedicar los esfuerzos al desarrollo para aislar a los terroristas de la población, son palabrería que solo sirve para gastar dinero sin resultados. Indudablemente todo eso se necesita, pero no solo en el Alto Huallaga y en el VRAE sino en la mayor parte del país.
El asunto es que eso no tiene relación directa con la lucha antiterrorista en el siglo XXI, cuando los senderistas se han convertido en sicarios del narcotráfico. (Ver esta columna, “Capturarlos o abatirlos”, 25/9/11).
En el VRAE, bajo control militar desde el 2006, deberían aprender de la exitosa experiencia policial en el Alto Huallaga y de las enseñanzas colombianas en la aniquilación de los cabecillas de las FARC, en lugar de tratar de succionarle información a la Policía con el engendro denominado “Fusión”.