Las designaciones de los nuevos ministros del Interior y Defensa no solo han prolongado la crisis que se abrió con la desastrosa operación “Libertad”, sino ha puesto de manifiesto, una vez más, cómo se maneja el poder en el gobierno de Ollanta Humala.
Hombre de paja
En Defensa, han nombrado a José Urquizo, un oportunista que fue fujimorista en los 90, muy cercano al obispo de Ayacucho Juan Luis Cipriani; vicepresidente regional con el aprista Omar Quesada el 2003; fundador de un movimiento regional pro cocalero el 2005; y congresista humalista el 2006. Además, un completo ignorante en materia de Defensa y con un vínculo familiar, aunque lejano, con los Humala Heredia. Por último, con una relación adquirida con el coronel (r) Adrián Villafuerte a quien contrató como asesor en el Congreso el período anterior.
En otras palabras, el perfecto hombre de paja que ocupará el sillón ministerial todo el tiempo que pueda, usufructuando sus ventajas formales e informales, y dejará que los militares designados por Humala y Villafuerte hagan lo que quieran.
Una rápida muestra de ello la dio en su primera declaración, cuando el miércoles 16 extendió su confianza a los mandos de las Fuerzas Armadas, y pocas horas después se supo que varios habían sido cambiados. Cuando La República le preguntó por los cambios, Urquizo respondió que había que tener paciencia, que Humala tomaba las decisiones.
Avasallando a la Policía
En el ministerio del Interior, Humala volvió a poner un militar, el general EP (r) Wilber Calle, violando otra vez su solemne compromiso ante los “garantes” de que “los ministros de Defensa y del Interior serán civiles” (19 de mayo de 2011). En diez meses de gobierno ha nombrado a tres militares para esos ministerios.
Solo en la dictadura militar (1968-80) y en la de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos los ministros de Interior han sido oficiales del Ejército. Los militares, contrariamente a lo que creen algunas personas, no conocen de seguridad ciudadana ni de los temas que competen a Interior.
Además, desprecian a la Policía y siempre que pueden, tratan de subordinarla, cuando no de humillarla. Por eso nunca es buena idea poner a un oficial del Ejército en el Mininter. Menos aún después del reciente incidente en que un helicóptero del Ejército dejó abandonados a tres efectivos de la Diroes en la selva de La Convención.
Por lo demás, el Mininter ya está copado por militares llevados allí por Óscar Valdés, que también modificó la organización de la Policía adaptándola a la del Ejército, para que en cada región se repita la relación de subordinación. Llegó hasta el ridículo extremo de hacer que los generales de la Policía usen un bastón de mando, imitación de los del Ejército.
En suma, es el mismo sistema utilizado por Montesinos para controlar los ministerios de Defensa e Interior, que ahora son el feudo de Villafuerte.
Mentiras
Cuando se reveló que el general (r) Calle era uno de los firmantes del acta de sujeción firmada por altos oficiales el 13 de marzo de 1999 (“En la sala de la corrupción. Videos y Audios de Vladimiro Montesinos 1998-2000”, tomo 6, pp. 3491 a 3559), el flamante ministro no tuvo mejor idea que mentir diciendo que el no firmó y luego refugiarse en la majadería justificatoria del almirante (r) Jorge Montoya, que dijo que era solo la lista de asistencia a un almuerzo.
El 16 de abril de 2001, cuando se conoció el acta infame, el presidente Valentín Paniagua hizo firmar un pronunciamiento a los jefes de las Fuerzas Armadas rechazándola y al día siguiente los despidió (http://bit.ly/Jni0yp). Estaba claro que no era una simple lista.
El problema principal del general (r) Calle no está en haber firmado el acta sino, primero, en haber tratado de excusarse con un burdo embuste; segundo en las flamígeras y reiteradas declaraciones de Ollanta Humala y de Nadine Heredia contra los firmantes el acta (ver la columna de Augusto Álvarez el jueves 17 en La República con citas de sus palabras). Ellos no perdonaban nada y exigían cortarles la cabeza a todos los que la suscribieron.
Es entonces una absoluta incongruencia que Ollanta y Nadine designen al general (r) Calle como ministro del Interior.
Por último, el general Ricardo Moncada, designado como Comandante General del Ejército, era el jefe del Vrae cuando en 2008 se desarrolló la catastrófica operación “Excelencia”, cuyas consecuencias se siguen pagando hoy día. De seguro no ha sido nombrado en ese cargo por sus habilidades estratégicas, sino por su cercanía a Humala y Villafuerte. Ese es el mecanismo de nombramientos en la esfera castrense y policial hoy día.
¿Era previsible que ocurriera esto? Por supuesto que sí.
