Por Fernando Rospigliosi
Desde Palacio de Gobierno y el Ministerio del Interior se ha montado la campaña para desacreditar a Alejandro Toledo, vinculándolo con el narcotráfico.
El gobierno de Alan García, en cuyo período el Perú se ha convertido en el primer exportador de cocaína del mundo, es el organizador de una operación para vincular al ex presidente Alejandro Toledo con el narcotráfico.
La orden de García la recibió el ministro del Interior, el general (r) Miguel Hidalgo. En la Dirección de Inteligencia del Ministerio del Interior (Digimin) dirigida ahora por un policía muy cercano a Hidalgo, el general (r) Teddy Bartra, es donde se montan los operativos contra Toledo.
Bartra fue jefe de la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional (Dirandro). Paradójicamente, durante su gestión se produjo un escándalo con los Sánchez Paredes. La revista institucional de ese organismo, “Dirandro en Acción”, fue financiada en parte por un aviso de Comarsa, empresa de los Sánchez Paredes que la Policía investigaba.
La última maniobra que ellos montaron fue atribuir a Javier Reátegui, candidato a la vicepresidencia con Alejandro Toledo, una relación con el clan Sánchez Paredes. La información era falsa y fue desbaratada en pocas horas por el agraviado, dejando en muy mal pie al medio que la publicó.
Pero eso no les importa a los operadores de Palacio. Seguirán intentándolo. El presidente García está muy alterado por el desmoronamiento de su candidato, Luis Castañeda, y el constante ascenso de Toledo. Hará todo lo que esté a su alcance para tratar de frenar a Toledo.
Pura palabrería
Al principio de su gobierno, Alan García anunció con bombos y platillos que se investigaba a los Sánchez Paredes por su vinculación con el narcotráfico. En la conferencia de prensa estaba Hidalgo. García presentó ese hecho como muestra del compromiso de su gobierno en la lucha contra el narcotráfico.
Hemos llegado al final del gobierno de García y no pasa nada. Los Sánchez Paredes gozan de muy buena salud. Incluso sus sicarios se matan impunemente en las calles de Ica, en disputas familiares y nadie les pone un dedo encima.
El caso del diputado aprista por La Libertad Elías Rodríguez, financiado por los Sánchez Paredes, fue sepultado en el más absoluto silencio. No pasó nada.
Muy cerca
Es más, el presidente García tiene a los Sánchez Paredes en casa. Un hijo de Luis Nava, secretario de Palacio, el más cercano funcionario, amigo y confidente de García, tiene una estrechísima relación comercial y amical con los Sánchez Miranda, hijos de uno de los cabecillas del clan, Orlando Sánchez Paredes.
Como mostró El Comercio (11.2.11), José Antonio Nava Mendiola viajó a Las Vegas, EE.UU., invitado por Alfredo Sánchez Miranda, con quien mantenía fluidas relaciones comerciales.
El mismo Alfredo Sánchez ha revelado a La República (12.1.11) que entregó dinero a la campaña de Alan García el 2006, a través del abogado Alberto Abanto.
Otros connotados apristas tampoco le hacen ascos a las beneficiosas operaciones comerciales con el clan Sánchez Paredes.
También utilizan a sus hijos para establecer esas relaciones.
¿Esa será una explicación de por qué los Sánchez Paredes siguen impunes?
Embajada
Para dar un viso de credibilidad a la operación contra Toledo, desde el gobierno trataron de involucrar a la embajada de los EE.UU., haciendo creer que ellos también investigaban al ex presidente.
Hidalgo llamó a la DEA para tener una reunión y hablar sobre la penetración del narcotráfico en la política. Oliéndose algo, los gringos le respondieron que estaban muy ocupados, que les dijera por teléfono.
El ministro les preguntó si sabían algo de la relación de los Sánchez Paredes con Toledo. La respuesta fue un rotundo no. No sabían nada y no estaban investigando nada sobre eso. Que, en todo caso, le pregunte al organismo antidrogas de la Policía, la Dirandro.
Después, para confundir las cosas, Hidalgo ha hecho alusión a una reunión con la embajadora de los EE.UU. Pero ese fue un encuentro que no tuvo nada que ver con el tema.
El jueves pasado, la embajadora de los EE.UU., Rose Likins, hizo una inusual declaración en una entrevista realizada por un funcionario de la propia embajada y difundida en You Tube. Ella dice claramente que no están investigando a ningún político por narcotráfico.
De esta manera la embajadora respondió a la demanda de Toledo que había pedido una aclaración.
Los Fujimori
Los candidatos de García, Luis Castañeda y Keiko Fujimori, jugando en pared, han tratado de sacar partido de la situación.
El colmo del ridículo lo hizo la hija del dictador, sometiéndose a una prueba toxicológica.
Cuando ella era primera dama, su padre participó en una maniobra de encubrimiento de la más espectacular operación de tráfico de drogas y armas que se haya visto en el Perú.
El 21 de agosto de 2000, Vladimiro Montesinos apareció por primera –y última– vez en una conferencia de prensa. Lo hizo por todo lo alto, teniendo a varios ministros militares como decorado en la mesa y a Alberto Fujimori como maestro de ceremonias.
Fujimori explicó que su socio Montesinos era el héroe de una extraordinaria captura de traficantes de armas que habían vendido fusiles a las FARC en 1999. Todo era mentira, por supuesto.
La verdad la conocían ya los gobiernos norteamericano y colombiano, por eso la desesperación de Fujimori y Montesinos para tratar de engañar al público.
Montesinos, usando documentos del Ejército, había comprado diez mil fusiles AKM a Jordania y los había entregado a las FARC. Las FARC le pagaron las armas con diez toneladas de cocaína, que fueron entregadas a un narcotraficante brasileño que a su vez depositó el dinero en las cuentas de Montesinos en el exterior.
Ese fue el delito que Alberto Fujimori trató de encubrir. En ese momento, Keiko Fujimori era primera dama. ¿Por qué no habla de eso? ¿Por qué no le preguntan cuál es su versión? ¿Su papito que es tan vivo se prestó inocentemente a encubrir el tráfico de armas y drogas?
Fue el final. Los norteamericanos habían empezado ese año con el Plan Colombia, para golpear a las FARC y los narcos de ese país, que proveen más del 90% de la cocaína que se consume en EE.UU. No iban a permitir que Fujimori y Montesinos les boicoteen su más importante programa en Sudamérica. Probablemente jugaron un papel importante en lo que ocurrió a continuación.
Menos de un mes después, el 16 de setiembre, Fujimori renunció y Montesinos fugó del país.
Así, con tremendo rabo de paja, Alan y sus protegidos intentan embarrar al resto con acusaciones de narcotráfico. ¡Qué tal cuajo!
