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Sierra Productiva

Por Fernando Rospigliosi

Cuando el presidente Alan García anunció el plan anticrisis, se refirió al programa Sierra Productiva. Sin embargo, han transcurrido varias semanas y no hay nada concreto al respecto. ¿Será otra oportunidad perdida?

El martes pasado, Jaime de Althaus presentó en La Hora N un extenso reportaje sobre los impresionantes resultados de Sierra Productiva, y entrevistó a su principal gestor, el cusqueño Carlos Paredes Gonzales. El programa permite, con una pequeñísima inversión, duplicar los ingresos de los campesinos pobres en muy corto tiempo y puede cambiar completamente su calidad de vida en pocos años.

Empresarios entrevistados por Althaus abundaron también en las bondades de Sierra Productiva. Sin embargo, la remolona maquinaria gubernamental no arranca todavía.

CAMPESINOS POBRES

El programa impulsado por Carlos Paredes, el Instituto para una Alternativa Agraria (IAA) y la Federación Departamental de Campesinos del Cusco (FDCC) empezó a aplicarse en el año 1994 en la microcuenca de Jabón Mayo, en la provincia de Canas, Cusco, a 4,000 metros de altura. Es decir, con campesinos pobrísimos.

Con la experiencia acumulada, han creado y difundido cuarenta tecnologías productivas, conservacionistas y de transformación.
El punto de partida es un módulo de riego por aspersión, que permite a los campesinos tener agua todo el año y mejorar radicalmente su producción.

El módulo consta de un reservorio rústico impermeabilizado con arcilla, tubería de plástico, manguera y aspersor. Eso posibilita acumular agua y usarla eficientemente, cosa que no ocurre en el riego por inundación.

A ello se agrega semillas para 15 variedades de hortalizas y 4 variedades de pastos. Todo eso –módulo de riego y semillas– cuesta entre 200 y 500 soles por familia. El cambio que posibilita esa pequeña inversión es extraordinario.

RESULTADOS

En una pequeña área de mil metros cuadrados, la familia campesina puede tener un huerto con 15 hortalizas que producen todo el año, con lo cual la alimentación mejora sustancialmente.

Los pastos, que antes dependían solo de la lluvia y producían tres meses al año, ahora –con el riego por aspersión y la semilla mejorada– produce todo el año y en mucha más cantidad. La productividad se multiplica por cincuenta. Eso le permite a la familia campesina criar cuyes todo el año. Tienen una fuente de proteínas y pueden venderlos en el mercado, obteniendo un ingreso monetario.

El ganado vacuno produce leche todo el año, lo que les permite ventas diarias, no solo de leche sino también de derivados como yogurt, queso y otros, fabricados con técnicas simples y accesibles.

ENTRAR AL MERCADO

Un ejemplo interesante: antes vendían la arroba de un tubérculo tradicional como la mashua a 2.50 soles. Ahora obtienen 9 kilos de mermelada de mashua por arroba, lo cual les reporta 126 soles.

Eso vale también para otros tubérculos y cereales. En resumen, el aumento de la productividad y la transformación sencilla de algunos de sus productos les permite a los campesinos alimentarse mejor, acabar con la desnutrición crónica y tener ingresos monetarios que les sirven para mejorar su calidad de vida.

VIVIENDAS SALUDABLES

Con la colaboración de instituciones como la Universidad Católica, han desarrollado también varias técnicas que les ayudan a vivir mejor. Por ejemplo, filtrar el agua con tecnologías simples y baratas, lo cual evita la parasitosis y otras enfermedades causantes de sufrimiento y muerte.

Las cocinas mejoradas evitan la inhalación de humo dentro de la vivienda campesina, causante de enfermedades respiratorias.
Termas solares rudimentarias les permiten tener agua caliente y mejorar radicalmente la higiene personal y con ello la salud.

¿CÓMO LO HACEN?

La manera de transmitir y difundir estas tecnologías sencillas y baratas es también simple y accesible. Lo hacen los yachachiq, una suerte de líderes tecnológicos que imparten sus conocimientos prácticos a otras familias campesinas.

Estos yachachiq desarrollan una relación horizontal con sus interlocutores, quienes aprenden rápidamente: “Si él, que es campesino como yo, lo hace, por qué yo no voy a poder hacerlo”.

Actualmente hay unos 1,500 yachachiq en el Cusco y 150 en otros 6 departamentos donde se ha empezado a desarrollar la experiencia.

¿LO APOYARÁN ESTA VEZ?

No fue fácil para Carlos Paredes desarrollar y difundir su experiencia. Los obstáculos venían de todas partes. Por ejemplo, de sus antiguos compañeros de la izquierda, quienes intentaron apartar a la Federación Departamental de Campesinos del Cusco de ese camino, porque “si los pobres dejaban de ser pobres, ya no serían revolucionarios”. Por supuesto, los campesinos que habían experimentado los éxitos del programa rechazaron abrumadoramente ese absurdo planteamiento. Pero también de la incomprensión y la incuria de los gobiernos.

Ahora el presidente García se ha comprometido a respaldar el programa. ¿Lo hará y, sobre todo, sin pretender usarlo políticamente? Habrá que ver.

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Fernando Rospigliosi Fernando Rospigliosi

Nació el 25 de febrero de 1947 en Lima. Estudió sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Ha trabajado como profesor e investigador académico de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, editor y columnista del semanario “Caretas” y comentarista del Canal N de televisión. Ha sido investigador del Instituto de Estudios Peruanos, IEP.
Se desempeñó como Ministro del Interior en dos ocasiones durante el gobierno de Alejandro Toledo y Presidente del Consejo Nacional de Inteligencia (CNI), la agencia de inteligencia del Estado.
Actualmente escribe la columna "Controversias" en el diario La República y conduce "Llanta de prensa", en ATV+.