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Tierra de nadie

Por Fernando Rospigliosi

El departamento de Madre de Dios es el menos habitado del Perú y a la vez el de mayor tasa de incremento poblacional. Es una región sin ley ni orden, dominada por las actividades informales e ilegales, sobre todo la minería del oro, que está destruyendo el ecosistema a vista y paciencia de las autoridades.

Muchos creen que la minería informal en Madre de Dios consiste en hombres y niños esclavizados lavando oro en los ríos con medios artesanales. Nada que ver. Eso fue hace años o décadas.

Ahora se trata de minería en gran escala, con maquinaria pesada, que emplea a miles de trabajadores y extrae toneladas de oro cada año. Y que destruye el bosque y contamina el ambiente de una manera espantosa. No se puede creer hasta que se ve.

Es minería informal porque no paga un centavo de impuestos a nadie, ni al gobierno nacional ni al regional. Los trabajadores no están en planilla, no tienen seguro y viven en condiciones infrahumanas. Y porque destruye el bosque y emponzoña el suelo, el aire y el agua sin control alguno.

Informalidad no significa, en este caso, sinónimo de pequeño, sino de fuera de la ley y del control del Estado.

CIFRAS DE MUERTE

En la extracción del oro trabajan aproximadamente 20,000 personas, con unas 550 máquinas pesadas –cargadores frontales, retroexcavadoras y volquetes–. (Los datos provienen de un excelente documento, “Las aguas de la región Madre de Dios. ¿Vida o muerte?”, elaborado por la Comisión de Pastoral Social y Derechos Humanos del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, bajo la responsabilidad del padre Xavier Arbex de Morsier).

Utilizan también unos 1,000 motores para las “chupaderas”, un método depredador que consiste en derrumbar las paredes de los ríos o lagunas con potentes chorros de agua, para luego extraer el oro del barro. Lo que queda es un desierto de fango contaminado con mercurio, petróleo y toda clase de desechos. La vida animal y vegetal desaparece por completo.
También trabajan unas 150 dragas de distintos tamaños, extrayendo el oro del lecho de los ríos.

COMBUSTIBLE

Esa inmensa cantidad de maquinaria requiere mucho combustible. Todos los días llegan aproximadamente 50 camiones cisternas de unos 3,000 a 4,000 galones de petróleo y gasolina cada uno.

En promedio, se queman 175,000 galones al día, echándose esos gases a la atmósfera. Esa cantidad de combustible es la que consume una ciudad mediana, como Cusco.

Como trabajan sin cuidado y sin control alguno, derraman en el suelo unos 1,500 litros de petróleo y aceite al día, que son llevados a los ríos por las lluvias.

LO PEOR

Todo lo anterior no es nada comparado con el daño que produce el mercurio que se utiliza para amalgamar el oro. Por cada kilogramo de oro se utiliza el doble de mercurio.

La producción oficial de oro es de 20,000 kilos al año (20 toneladas), pero el padre Xavier Arbex estima que son unos 35,000 kilos al año.

Es decir, cada año se arrojan al ambiente entre 40,000 y 70,000 kilos de mercurio, un elemento que produce daños brutales a la salud humana y al medio ambiente.

Hace poco Álvaro Rocha publicó una nota donde da cuenta que la nueva zona de explotación de oro, la quebrada Guacamayo, está “hecha puré por cientos de pocitas que rezuman mercurio”. Esto es producido por “la minería salvaje y totalmente informal”. (“Selva herida. Desarrollo y turismo de Madre de Dios amenazados por la minería informal”. Somos, 14.3.09).

Los efectos son mensurables. Un informe de Miguel Gutiérrez señala que “consultores ambientalistas y forestales estiman que por lo menos 150 mil hectáreas de bosque han desaparecido bajo la acción depredadora de la actividad minera en la región.” (“El mercurio arrasa con los bosques”, La República, 7.8.08)

NO SE OYE, PADRE

Para dar una idea, hay que comparar lo que ocurrió en Choropampa, Cajamarca, el año 2000. Allí un camión contratista de minera Yanacocha derramó 151 kilos de mercurio. Una parte fue recogida por los pobladores que creían que era valiosa, y causó daños a la salud. La empresa limpió la zona y se hizo cargo de la atención médica.

Pagó, además, indemnizaciones a los pobladores afectados. Hace poco, la empresa aceptó pagar tres millones de dólares adicionales a un grupo de pobladores que entabló un juicio en los Estados Unidos, cifra que ha sido airadamente rechazada por los antimineros encabezados por el padre Marco Arana, que dicen que es muy poco.

Por Choropampa se hicieron varios documentales y varias ONG ambientalistas han desarrollado campañas nacionales e internacionales atacando a la empresa minera.

Eso, por 151 kilos derramados hace nueve años.

¿Qué dice el padre Arana y esas ONG por los 70,000 kilos que se derraman en Madre de Dios cada año?

El biólogo César Ascorra, de Cáritas Madre de Dios, calcula –conservadoramente– que entre 1990 y 2003 se han derramado 273,000 kilos de mercurio en ese departamento.

¿HASTA CUÁNDO?

La minería del oro es el principal problema de Madre de Dios, pero no el único. El tráfico de drogas, la trata de personas, la tala ilegal y la corrupción de las autoridades son otros, que hacen de una de las regiones más bellas y prometedoras del Perú, una región sin ley ni orden.

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Fernando Rospigliosi Fernando Rospigliosi

Nació el 25 de febrero de 1947 en Lima. Estudió sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Ha trabajado como profesor e investigador académico de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, editor y columnista del semanario “Caretas” y comentarista del Canal N de televisión. Ha sido investigador del Instituto de Estudios Peruanos, IEP.
Se desempeñó como Ministro del Interior en dos ocasiones durante el gobierno de Alejandro Toledo y Presidente del Consejo Nacional de Inteligencia (CNI), la agencia de inteligencia del Estado.
Actualmente escribe la columna "Controversias" en el diario La República y conduce "Llanta de prensa", en ATV+.