Por: Jorge Del Castillo
Venezuela es un país hermano que pasa por un trance difícil, como si no bastara la agudización de la confrontación política que está llevando a tantos al exilio o a las cárceles. La situación de la nación con mayores recursos energéticos es paradójica, carece de energía eléctrica, habiéndose llegado al extremo de racionar el consumo de energía y por tanto de agua, principalmente a los sectores populares. Una reciente devaluación ha traído por los suelos su maltratada economía, disparando el precio de los alimentos a las nubes, siendo Venezuela uno de los países de más alta inflación de AL.
Por cierto que la culpa de todo esto la tiene el imperialismo y los enemigos de la revolución, no la incompetencia de los improvisados jerarcas de un gobierno que ya tiene una década al mando. Hace unos meses el Gobierno cerró el canal RCTV por el hecho que criticaba las políticas del presidente Chávez. Se amenazó a otros medios. Ahora, de manera prepotente, se obligó a los canales de cable a transmitir los discursos del Presidente, peroratas interminables que se producen frecuentemente. Bajo el pretexto que se han resistido a la transmisión compulsiva, el régimen ha clausurado el canal RCTV Cable y otros 5 canales de cable, lo que ha motivado una justificada reacción ciudadana, principalmente juvenil, sector que ha tomado conciencia del peligro que significa un gobierno autoritario sin prensa libre.
A esto se suma la sistemática y desembozada captura, por diversos medios, de decenas de radios del interior del país, cuando no la persecución descarada a periodistas, como Patricia Poleo que tuvo que salir al exilio o José (Popo) Barráez que por denunciar la existencia de unas fosas clandestinas tuvo que refugiarse en el Perú.
La mayoría de la población piensa que estas acciones y la represión en las calles contra los jóvenes que protestan, no son sino el acto preparatorio de un nuevo golpe de mano contra la democracia. Están convocadas elecciones parlamentarias.
Esta vez, a diferencia de la anterior en que se abstuvo de participar regalándole a Chávez una mayoría obsecuente en la Asamblea Nacional, la oposición democrática se apresta a postular y a ganar, según todas las encuestas.
Entonces Chávez necesita un pretexto para suspender dicho proceso y podría encontrarlo en los hechos de violencia que él mismo estimula para crear causales de un estado de excepción que le permita justificar la suspensión de las elecciones y así evitar una derrota segura. La gravedad de la crisis ya viene costando dos vidas jóvenes.
