Por Ángel Páez
Por cuarto año consecutivo la alianza aprofujimorista impuso a un convenido presidente del Congreso, en acatamiento de un pacto de mutuo encubrimiento. Otro partido decente, respetuoso de la democracia y de las leyes, con una historia implacable de lucha contra la corrupción y el crimen organizado, habría rechazado gobernar el Legislativo con un movimiento político cuyo líder ha recibido no una sino tres sentencias por homicidio, usurpación de funciones, peculado y falsificación, que suman 38 años y medio de prisión. Pero al Apra no le importa asociarse a un criminal que justifica sus actos por “razones de Estado”. Solo le interesan los 13 votos de los representados de este.
Probablemente Víctor Raúl Haya de la Torre aprobaría la funesta alianza aprofujimorista, porque en su tiempo también trabó acuerdos políticos bajo la mesa, incluidos los sátrapas Óscar Benavides y Manuel Odría, en cuyos regímenes los apristas fueron encarcelados, deportados y asesinados. Los apristas que entregaron sus vidas no lo hicieron precisamente para que su jefe se sentara en una mesa con sus enemigos y comiera de sus manos. Ahora, los fujimoristas, la expresión más despreciable de la política nacional, gozan de privilegio e impunidad en el Congreso por un precio barato: sus 13 votos adheridos a los de la bancada aprista. La historia se repite, compañero.
PD. En la columna anterior perpetré un gazapo al escribir que se cumplirán 30 años de la caída del muro de Berlín cuando en realidad son 20. Perdón.
