Por Ángel Páez
“Una cosa es seguir la ruta de la droga y otra muy distinta es seguir la pista del dinero negro”, explicó el reportero del “Miami Herald” Gerardo Reyes. “La ruta de la droga nos conducirá a más droga, pero el verdadero desafío es seguir la pista del dinero negro, porque allí está concentrado el poder del crimen organizado”. Reyes, una de las estrellas de la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación que organiza el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), demostró con casos ejemplares que en la guerra contra la distintas formas de corrupción las leyes más débiles son las relacionadas con el lavado de dinero. “Y de eso se benefician directamente los bancos”, dijo con conocimiento de causa porque Reyes es uno de los expertos en la materia en el continente: “Sea dinero de la droga u de otro origen ilícito, a lo más se castiga a los empleados que abren las cuentas, pero los principales funcionarios se libran de la ley”. Eso explica por qué ningún banco que escondió el dinero ilegal de Vladimiro Montesinos y sus testaferros, ni tampoco los que guardaron la plata negra de los generalotes corruptos, ha sido demandado por el Estado peruano. Por supuesto, mucho menos cuestionaron que Keiko Fujimori pagase sus estudios y los de sus hermanos con dinero de sospechoso origen. Pero esto se acabará pronto. En eso estamos.
