Por Federico de Cárdenas
Hay poetas, incluso grandes poetas, que deben esperar años para ver editada su obra completa. Este no ha sido el caso de José Watanabe (1946-2007), de quien circula ya una muy bella edición integral de su poesía que ha sido publicada bajo el doble patrocinio de Editorial Pre-textos (España) y Ediciones El Virrey (Perú). La primera no requiere de presentación: es una de las mejores editoriales peninsulares; la segunda tampoco: es de casa y se encarga además de la difusión nacional del libro.
Estamos ante un acontecimiento que hay que celebrar. El volumen se abre con un cuidado estudio de Darío Jaramillo y reúne, en orden cronológico, los ocho libros que el poeta publicó: Álbum de familia, El Huso de la palabra, Historia natural, Cosas del cuerpo, Antígona, Habitó entre nosotros, La piedra alada y Banderas detrás de la niebla. Como premio inesperado se incluyen siete poemas inéditos (entre ellos el notable “El trasnochado”).
Leer o releer a Watanabe no solo refuerza el lugar central que ocupa ya en nuestra poesía y en la de la lengua castellana; es una experiencia estética primordial. Para quienes ya la conocíamos, es un reencuentro con su universo familiar –fiel a sus recuerdos y afectos de infancia–, con su bestiario amado y con su obsesión por la palabra justa. La suya es una poesía de la observación del cuerpo (como las de Vallejo y Eielson) y de la enfermedad, de los objetos y la vida cotidiana, que captura en su humilde acontecer o tenso agotamiento. Y que se acerca a la historia con mirada escéptica.
