Por: Ariel segal
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La toma de posesión de Porfirio Lobo de la presidencia de Honduras cuando perdura la polémica de su legitimidad es el evento propicio para replantearnos la crisis de la democracia en América Latina.
La mayoría de las opiniones sobre el golpe en Honduras se dieron desde una perspectiva ideológica. Para los fóbicos de la democracia liberal, el golpe contra Zelaya estuvo justificado porque el ex presidente intentó ejecutar un golpe desde el poder.
Para los nostálgicos y viudos del comunismo, el único golpe que se ha dado recientemente en la región ha sido el militar, y son intocables los mandatarios de discurso de izquierda y populista, aunque constantemente violen las leyes que juraron respetar.
El representante de Panamá en la OEA, Guillermo Alberto Cochez, logró el único consenso de esa insulsa organización – una ebullición de carcajadas – cuando en diciembre de 2009, dilucidó con un viejo chiste las posturas de diferentes gobiernos ante la crisis en Honduras: Al descubrir que su mujer le ha sido infiel, la reacción de un derechista es agarrarla a golpes, mientras que la de un demócrata cristiano es pedirle que no vuelva a reincidir, y la del comunista es buscar piedras para tirarlas a la embajada de Estados Unidos.
La “tercera vía” de análisis, en la que la derecha y la izquierda moderada han coincidido, es que la verdadera defensa de la democracia trasciende a la ideología y al discurso, y por lo tanto, Honduras debió solucionar el golpe de Zelaya desde el poder con instrumentos jurídicos y políticos, y no con las armas. A su vez, la OEA y otros organismos debieron tomar en cuenta contextos antes de hacer un ultimátum exclusivo al gobierno de facto de ese país, mientras se hacían de la vista gorda ante otros golpes como la reciente decisión inconstitucional de algunos magistrados nicaragüenses de otorgar la reelección a Daniel Ortega o el nombramiento de dos militantes del partido de Chávez como miembros del Consejo Electoral de Venezuela, además de los constantes pisoteos de la constitución quien ha devaluado a Bolívar.
Así tenemos que golpe a golpe, con los soldados en las calles o “estéticamente” en sus bases, estos “superciudadanos” están prestos a cumplir órdenes ilegales de autócratas elegidos.
