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Collique

El 18/2/53 se conoció en la aún poco urbanizada Lima, la muerte del Ing. Carlos Graña Elizalde durante un vuelo de instrucción cerca del aeródromo de Collique. Por entonces este empresario y fundador de una renombrada compañía constructora era presidente del Aeroclub Civil y se dijo que el aparatoso accidente que le costó la vida se debió a que trató de evitar caer sobre una pequeña área poblada. Se entiende así por qué el referido aeródromo lleva con justicia el nombre de este héroe civil.

Ahora bien, no debemos olvidar que este aeródromo no solo ha significado el sacrificio de ese gran empresario sino, también, miles de pequeños sacrificios anónimos de muchísimos ciudadanos quienes discretamente se quitaron el pan de la boca,  donaron pequeñas joyas –sus aros de matrimonio– o cedieron sus sueldos para crear una poderosa Liga Nacional de Aviación que, con esos fondos, pudiera formar a los  pilotos civiles de la patria y de la reserva aérea.  

En 1944, la Liga Nacional de Aviación compró con los fondos recaudados 60 hectáreas a la Hacienda Infantas y Collique con el fin de crear una Escuela de Aviación Civil. Por esta razón, cuando la Liga se disolvió en 1959, su apoderado don Luis Gallo Porras, quien también era alcalde de Lima y vicepresidente de la República, donó al Estado Peruano los terrenos del aeródromo con la condición de que ellos solo podrían ser destinados para los fines de aeronáutica civil, como consta en los Registros Públicos.

En los últimos tiempos el deber del Estado –que hemos señalado– no se ha podido cumplir a causa de una  nefasta concertación de malos políticos,  funcionarios corruptos, empresarios apátridas y lobistas inescrupulosos que se han apropiado irregularmente de un valioso inmueble, a valor rústico, para enriquecerse indebidamente. Adicionalmente, y para redondear el “faenón”, los confabulados han logrado destruir nuestra escuela nacional para pilotos civiles y por tanto los pilotos peruanos solo podrán capacitarse por intermedio de las empresas aéreas extranjeras que hoy dominan nuestros cielos.

El gobierno del Perú y la Municipalidad Metropolitana de Lima tienen la obligación moral de impedir que se consume este despojo. Al llegar al Consejo Metropolitano he sido testigo del valiente compromiso inicial que mostró Fuerza Social para la defensa aeródromo de Collique como un espacio público para el distrito de Comas y la ciudad de Lima pero, recientemente, he visto con preocupación que los coqueteos con compañías constructoras, y la acción eficaz de una lobista corporativa, han adormecido los ímpetus iniciales. Por el decidido apoyo que hemos dado a esta causa espero que esta soñolencia veraniega no sea una claudicación permanente de la alcaldía.

En relación al gobierno, el presidente Ollanta Humala, como candidato se comprometió a restituir los intereses nacionales sobre el aeródromo usurpado. Collique va más allá de una promesa electoral porque es un asunto de dignidad nacional y él como oficial peruano ha adquirido un verdadero compromiso de honor. En este esfuerzo todos tenemos que apoyarlo.

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