Por Nicolás Lynch
La afirmación de Alan García señalando que él como Presidente puede evitar que salga elegido el 2011 quien él no quiera, en alusión, completada horas más tarde, a alguien que sea contrario al modelo económico actual, es una afirmación que se encuentra a medio camino entre el desvarío mental y la prepotencia autoritaria. Ya hace como 10 días invocó a Dios para señalar que contaba con poderes especiales para convencer a la gente. Parece que conforme se avecinan las consecuencias de la crisis mundial sobre el Perú el Presidente empeora. Sólo nos queda esperar que tome puntualmente sus medicinas, en especial una que se llama democracia y que parece estar ausente de las recetas de sus consejeros, es decir de él mismo, porque dicen que carece de consejeros.
Ahora bien, el que se haya atrevido a hacer tal afirmación públicamente revela, sin ambages, su militancia en el proyecto continuista de Fujimori y Montesinos. Esto, por supuesto, no sólo lo incluye a él sino también a Alejandro Toledo. García no es sino el último de una saga que empezaron los dos primeros, continuó para decepción de muchos el Presidente de la chakana y ahora Alan García quiere convertir en dinastía neoliberal. Es decir, por boca de García la derecha empresarial nos notifica que podremos tener gobiernos elegidos pero no gobiernos democráticos. Quieren, en sus mejores sueños, escogernos por quién vamos a votar.
Pero esta afirmación tampoco es un ave (de mal agüero) solitaria en el horizonte inmediato del gobierno. Por el contrario es la continuación de un conjunto de acciones del Poder Ejecutivo que chocan frontalmente con la Constitución vigente y que en cualquier otra situación democrática deberían llevar a sendas acusaciones constitucionales para pedir la vacancia de la Presidencia de la República. Me refiero a las acciones encaminadas a restarle importancia a la Contraloría General de la República y, en la práctica, diluir la acción de control. Los decretos de urgencia dados en el mes de diciembre, así como el proyecto de ley que se discute actualmente en el Parlamento restándole funciones a la Contraloría apuntan en este sentido.
Lo anterior, sin embargo, no tendría sentido sino contaran con un Contralor adicto. El intento, por segunda vez, de imponer a alguien cercano al Ejecutivo, esta vez en la persona de Edmundo Beteta que hasta ahora no ha podido mostrar título profesional alguno, apunta en este sentido. El origen lo desautoriza a este candidato, proviene del MEF de Carranza que se esmera por seguir el recetario neoliberal en versión AGP, es decir sin controles ni cuidado por el cumplimiento de la ley, como lo puede atestiguar cualquier trabajador público al que estos burócratas le niegan su pago de haberes. García, por ello, para completar su faena autoritaria necesita un colador y no un contralor, que maneje una Contraloría light al servicio del continuismo. Ojalá que la oposición, de todos los colores políticos, no se quede dormida frente a tanto desvarío y ponga de una vez por todas al Presidente en su sitio. De lo contrario peligran las elecciones de 2011 y nuestro porvenir democrático todo.
