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Economía sin política no existe

Por Nicolás Lynch

Son varios los analistas críticos con el estado de cosas actual en el Perú que hacen una división entre lo bien que nos iría en la economía y lo mal que estaría nuestra política, como si pudiéramos dividir la una de la otra en la explicación de la situación nacional. La profunda crisis de representación por la que atravesamos, que es uno de los ejes de la quiebra política actual, tiene una de sus raíces fundamentales en la imposición de un programa económico neoliberal en los años 90, que inaugura Fujimori pero que continúan Toledo y García. Este programa era una de las salidas al descalabro económico al que el primer García había llevado al Perú, pero no la única. Se escogió la receta brutal porque era la más rentable para los ricos, en un momento en que los pobres, por la división de IU, las sucesivas derrotas del movimiento popular y el constante asedio terrorista, no tenían posibilidad de reaccionar.

Este programa de ajuste lo impuso Fujimori, todavía presidente democrático, en agosto de 1990, pero lo hizo traicionando el mandato con el que había sido elegido. Esta traición inicial no fue suficiente: tuvo necesidad de un golpe de Estado para afirmar su poder y cambiar las reglas de juego. Lo que sucedió de allí en adelante fue una masiva expropiación de bienes públicos y sociales (los derechos de los trabajadores) a favor de un puñado de empresas privadas nacionales y extranjeras que reconcentraron los recursos en una economía que siempre había sido concentrada y reprimarizaron su carácter, promoviendo la inversión en la exportación de materias primas.

Pero este funcionamiento económico fue posible porque, en especial desde el golpe de Estado, se estableció una relación entre los grandes empresarios y el poder de turno que se ha caracterizado porque la ganancia no está determinada por la productividad de los factores de producción sino por la cercanía con el poder político. He llamado a esta economía política “capitalismo de amigotes” para señalar una relación perversa entre economía y política que impide nuestro desarrollo y nos lleva a la república de la corrupción.

Para cambiar la situación no se necesitan solo afeites institucionales, de por sí indispensables, sino una nueva economía política, donde exista la posibilidad del Perú como nación y no solo la consabida pandilla de lobistas, chuponeadores, políticos de ocasión y empresarios ávidos del negocio rápido.

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Nicolás Lynch Nicolás Lynch

Nicolás Lynch Gamero (Lima, 1954)Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde obtuvo la licenciatura en sociología; luego de ello obtuvo el título de magíster en Ciencias Sociales en México y el Ph.D. en sociología en el New School for Social Research de New York, EEUU.
Profesor Principal de Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y profesor en la Maestría de Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha enseñado también  en el Instituto de Gobierno de la Universidad San Martín de Porres. Profesor invitado en Johns Hopkins University,  el New School for Social Research y la Universidad de Wisconsin-Madison. Investigador invitado del Woodrow Wilson International Center for Scholars. Ha publicado numerosos artículos académicos y varios libros, entre ellos “Los jóvenes rojos de San Marcos”, “La transición conservadora”, “Una tragedia sin héroes”, “El Pensamiento Arcaico en la Educación Peruana”, “Los últimos de la clase” y “¿Qué es ser de izquierda?”. Ha sido Decano del Colegio de Sociólogos del Perú, Director de la Escuela de Sociología de la Universidad de San Marcos y  Coordinador del Doctorado en Ciencias Sociales de dicha Universidad.
Fue designado Ministro de Educación del Perú el 28 de julio de 2001 por el entonces presidente Alejandro Toledo y asesor político  de Ollanta Humala, presidente electo por las elecciones generales del Perú de 2011. Actualmente es Embajador de Perú en Argentina.