Por Nicolás Lynch *
Con el indulto a José Enrique Crousillat por el presidente Alan García y la sentencia del TC –definitivamente manejado por el Apra– que libera al general Chacón, el gobierno aprista ha notificado al país de que está dispuesto, más allá de las consideraciones individuales que pudieran existir, a liberar a los cabecillas de la corrupción fujimontesinista. Es obvio que este proceder no puede sino apuntar a la liberación del cabecilla mayor: Alberto Fujimori, una vez que estén dadas las condiciones respectivas.
Esta es una situación de escándalo, en la que no solo un gobierno elegido, que se supone democrático, sino instituciones de este régimen político, como el Tribunal Constitucional, complotan para dejar en libertad a quienes personifican la negación misma de la democracia. Definitivamente no se trata solo de personas, aquí lo que hay es un episodio más de la continuidad de los gobiernos elegidos de Toledo y García con la dictadura de Fujimori y Montesinos. Es cierto que a Toledo el continuismo se le notó menos, con García el escándalo no ha tenido periodo de gracia. Desde el primer día y a cara descubierta se ha manifestado como un seguidor económico del régimen autoritario y un partidario de la democracia precaria en la que se reproduce hoy el fujimontesinismo.
Estas liberaciones no suceden entonces por error sino porque la democracia que encabeza el gobierno aprista considera que está bien que sucedan. En el fondo la frontera entre dictadura y democracia, que felizmente para muchos en el Perú es fundamental, para García y sus compañeros, los del TC incluidos, no existe. Para ellos, lo que se está haciendo es “reparar una injusticia” cometida por algunos cabezas calientes en la lucha anticorrupción. El verdadero escándalo: que el régimen nominalmente democrático no se distingue él mismo de la dictadura.
Esta situación de línea borrosa entre dos opuestos es insostenible. Por ello creo que la tendencia es a que, más y más, los presos de la dictadura ganen la calle. Su candidato no solo es Keiko, es cualquier sucedáneo de García con capacidad suficiente de engaño electoral y dispuesto a soportar la liberación de Fujimori luego de la segunda vuelta, cuando ya haya presidente electo y el propio García esté de salida. Debemos ponernos desde hoy en guardia contra este y otros fraudes que nos aguardan.
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