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La dictadura de asamblea

Por Nicolás Lynch

La semana pasada con la aprobación de una ley en el Congreso de la República que establece el voto universal y ponderado para elegir rectores y decanos se podría haber dado, de no mediar el veto presidencial, un primer paso para terminar con el asambleísmo en las universidades nacionales.

Contra lo que comúnmente se cree, buena parte de las universidades nacionales han sido gobernadas no por una mayoría democrática de profesores y estudiantes que decidían mediante elecciones, sino por el arreglo bajo la mesa entre diferentes minorías para repartirse la pobreza universitaria. Y en caso de que tal arreglo no pudiera concretarse, por el control de la minoría con mejor capacidad de movilización para imponer, por las buenas o por las malas, su criterio al conjunto. Este fenómeno en la ciencia política se llama “dictadura de asamblea”. La careta democrática del sistema no le quita su esencia autoritaria: decide la arbitrariedad del más fuerte por la vía de los hechos. Los resultados están sobre la mesa: es el gobierno de la mediocridad, el radicalismo y la corrupción.

La ley aprobada reduce drásticamente el tamaño de los organismos colegiados, asamblea y consejos, para darles mayor agilidad de funcionamiento. Saca a los decanos de la Asamblea Universitaria y reduce su número en el Consejo Universitario, para evitar que con su poder feudalicen la universidad. Pero, lo más importante, retira de la Asamblea Universitaria y del Consejo de Facultad la elección de rector, vicerrectores y decanos, con lo cual libra a estos organismos de la potestad más perniciosa que tenían, fuente de la mayor cantidad de componendas y corruptelas en su seno, para dársela, directamente, a la comunidad universitaria.

Lo hace, además, manteniendo la proporción de dos tercios de profesores y un tercio de estudiantes, en los organismos señalados y en la elección misma. Es cierto, el sufragio universal y ponderado no es un sistema perfecto, pero tenemos la esperanza de que la luz pública sea más propicia que las sombras para darnos mejores autoridades.

En este contexto, la protesta de la ANR no nos sorprende. Muchos de los rectores que la conforman han sido producto de este criticado sistema asambleístico que ha colocado, entre otras causas, a la universidad peruana en la postración en la que está. Siempre, por supuesto, hay excepciones. Pero, como dicen, “una golondrina no hace el verano”.

www.nicolaslynch.com

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Nicolás Lynch Nicolás Lynch

Nicolás Lynch Gamero (Lima, 1954)Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde obtuvo la licenciatura en sociología; luego de ello obtuvo el título de magíster en Ciencias Sociales en México y el Ph.D. en sociología en el New School for Social Research de New York, EEUU.
Profesor Principal de Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y profesor en la Maestría de Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha enseñado también  en el Instituto de Gobierno de la Universidad San Martín de Porres. Profesor invitado en Johns Hopkins University,  el New School for Social Research y la Universidad de Wisconsin-Madison. Investigador invitado del Woodrow Wilson International Center for Scholars. Ha publicado numerosos artículos académicos y varios libros, entre ellos “Los jóvenes rojos de San Marcos”, “La transición conservadora”, “Una tragedia sin héroes”, “El Pensamiento Arcaico en la Educación Peruana”, “Los últimos de la clase” y “¿Qué es ser de izquierda?”. Ha sido Decano del Colegio de Sociólogos del Perú, Director de la Escuela de Sociología de la Universidad de San Marcos y  Coordinador del Doctorado en Ciencias Sociales de dicha Universidad.
Fue designado Ministro de Educación del Perú el 28 de julio de 2001 por el entonces presidente Alejandro Toledo y asesor político  de Ollanta Humala, presidente electo por las elecciones generales del Perú de 2011. Actualmente es Embajador de Perú en Argentina.