Por Susana Villarán
Me he preguntado en estos días de Adviento qué haría Jesús en nuestras circunstancias. El Dios que “acampó” en nuestra historia, “la de aquí y la de ahora (para) alimentar nuestra esperanza con la voluntad de vida de los pobres…”, como sostiene Gustavo Gutiérrez, teólogo y entrañable pensador peruano. ¿Dónde hubiese nacido hoy, qué haría? ¿Sería un niño de Las Palmeras, en Lomas de Carabayllo, lugar en el que más de 30,000 familias no tienen agua, pueblos en los que el cabello de los niños es casi rubio de pura desnutrición? ¿O un niño awajún, olvidado e insignificante para quienes quieren decidir su destino y el de sus territorios? ¿Habría nacido mujer? ¿Por qué no?
Aquel que vino a traernos la luz en medio de las tinieblas, ¿dónde habría estado hoy, en este tiempo de incertidumbre por la crisis y el cambio climático? ¿Habría estado en la Cumbre de Copenhague? Creo que sí, pero no como un príncipe de traje blanco e hilos de oro, dueño de casi todo el petróleo del mundo o como un jefe de Estado de China o de EEUU, países responsables de emitir la mitad de los gases invernadero, incapaces de asumir compromisos para detener y reducir el calentamiento global del planeta por temor a chocar con los grandes intereses. Jesús sería de Green Peace.
Creo que si Jesús viviera hoy entre nosotros sería un inconforme, también feminista (como es un discurso sobre el poder y una práctica no hay que ser mujer para asumirlo), un yachachik emprendedor de Sierra Productiva, un ecologista; un músico autista, un empresario probo y responsable, hablaría claro y sin concesiones; sabría al lado de quién estar denunciando la opacidad y la mediocridad de quienes medran con el poder y la riqueza desmedida. Jesús no tendría vergüenza de llorar ni de reír fuerte, tampoco de abrazar y besar, estaría orgulloso de su cuerpo, sería tierno. Nos convocaría a vivir como las luciérnagas, llenando de luz el túnel, como enseña Gustavo, “pequeñas pero contagiosas”, que “alumbran tenuemente con su entrega y generosidad una espesa noche”.
Celebremos hoy esa capacidad de iluminar de tantos seres humanos en las difíciles encrucijadas de nuestro mundo actual, ejemplos de generosidad, de lucidez, de coraje y creatividad al servicio de la vida. Jesús, cuyo nacimiento celebramos, nos invita a vivir como Él vivió. Imaginemos cómo sería hoy, dónde estaría e intentemos seguir su huella.
