Por Susana Villarán
El gobierno de Alan García acaba de aceptar rescatar a la empresa Doe Run garantizando un crédito por US$ 70 millones de un consorcio de bancos y empresas mineras locales. Esta acción del gobierno siempre dócil frente al gran capital, se ha hecho sin exigir que la empresa cumpla con exigencias ambientales cruciales vigentes en la ley. Esto es ineludible para una empresa campeona olímpica en eludir nuestras leyes y chantajear a las autoridades dada su “importancia estratégica” al dar empleo a 3,500 trabajadores y servicios de fundición a la minería regional.
Sucede que su dueño, Ira Rennert, poseedor de Renco Group y de la subsidiaria peruana Doe Run Perú que maneja el complejo metalúrgico de La Oroya, es multimillonario; millones que han ingresado a sus bolsillos en operaciones mineras con impactos muy negativos en el ambiente y la salud de las personas y ha sido sancionado repetidamente por ello en Estados Unidos.
Durante largos once largos años esta empresa ha ganado cientos de millones mediante la figura del pago de un “préstamo” a la empresa Doe Run en EEUU (jurídicamente, otra persona jurídica, pero en la práctica, su matriz), a la que ha enviado cientos de millones de dólares de ganancias. Su situación financiera aparece así engañosamente siempre como “frágil”, aunque la evidente riqueza acumulada de su dueño no lo refleje.
No podemos aceptar que el gobierno peruano deje de invertir en quienes están sufriendo ya el duro impacto de la crisis internacional, fundamentalmente los niños que parecen no contar para nadie, o miles de alpaqueros de la sierra altoandina hoy olvidados, y prefiera ayudar a una empresa que puede y debe enfrentar sus pérdidas, pagar a sus proveedores y trabajadores.
La Oroya, según el Instituto Back-smith se ubica en el grupo de los diez lugares más contaminados del mundo (entre ellos, Chernobyl). Debemos recordar que en mayo de 2006 el Tribunal Constitucional de Perú decidió una acción de incumplimiento contra el Ministerio de Salud y la Dirección General de Salud Ambiental del Perú, requiriendo el diseño e implementación de una “estrategia de salud pública de emergencia” para la ciudad de La Oroya en el término de 30 días. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió una Medida Cautelar el 31 de agosto de 2007 a favor de 65 moradores de la ciudad de La Oroya en Perú exigiendo al Estado peruano en la misma orientación: proteger a los pobladores del terrible impacto de la contaminación.
Estamos esperando
Esta grave situación nos muestra el débil Estado que tenemos con los de arriba, la ausencia de un regulador minero efectivo y un Ministerio del Ambiente sin colmillos para cumplir su mandato y que por el contrario se muestra favorable a la prórroga del PAMA.
O Doe Run mete la mano al bolsillo de su dueño para enfrentar sus problemas financieros y asumir su responsabilidad ambiental (cumpliendo estrictamente el PAMA), o el gobierno debe rescindir inmediatamente el contrato. Existen felizmente inversionistas que asumen seriamente los retos de una minería social y ambientalmente sostenible.
