Por Susana Villarán
Su tragedia logró abrirse paso en la modorra noticiosa que acompaña el inicio del año. La lluvia que sigue cayendo sobre Lima aflojó la tierra y las zonas de quebrada como la de los AAHH Señor Cautivo de Ayabaca y los demás situados en la octava, cuarta y quinta zona de Collique en Comas fueron arrasados por el lodo. Se afectaron en los desastres –que no son tan naturales– los más pobres, por la precariedad de sus vidas. Es lo que siempre sucede. En la dinámica Lima Norte el huaico desnudó el hecho de que la bonanza económica no se distribuye y que son muchas las familias que viven en pobreza extrema en la ciudad que concentra la mayor riqueza.
Lo que desnuda también esta calamidad es el drama institucional: la ausencia de planificación de una ciudad que crece de manera desordenada y caótica. Con sus ocho millones de habitantes, Lima, quinta metrópoli de AL, tiene zonas riesgosas ya identificadas y clama al cielo la ausencia de una gestión integral de éstos por la autoridad metropolitana. Esto es parte de un problema de fondo que es necesario enfrentar, Lima carece de un Gobierno Regional y Municipal que priorice lo que la técnica y la democracia demandan: prevenir y resolver los puntos críticos que presenta la vida colectiva de la urbe.
Las obras de la ciudad, todas indispensables por cierto, alcanzarán a lo sumo al 10% de sus habitantes: transporte y escaleras, clubes zonales, clínicas. El reto es mayor: gestionar el territorio para la convivencia ordenada y segura de quienes la habitamos.
Ello reclama un gobierno municipal que planifique y sostenga acciones en el tiempo y recursos que respondan a objetivos concertados con la población. Tenemos todas las herramientas técnicas para hacerlo como lo han hecho otras ciudades. Pero para ello hay que organizar un Gobierno Regional para Lima Metropolitana (dispuesto por la ley pero nunca concretado) que saque a Lima de la óptica del Cercado, de la maraña de funciones superpuestas con el Gobierno Central, de los lobbies de siempre, de la discrecionalidad e improvisación.
Les debemos a las víctimas de Collique y a todos nosotros el derecho a un gobierno municipal y regional de Lima técnico, justo y democrático. Celebremos el aniversario de Lima con el anuncio de que es posible una nueva manera de gobernarla.
