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Identidad nacional y proyecto común

El concepto de “identidad nacional” ha sido intensamente discutido en el Perú. No obstante, este debate a menudo ha tenido lugar dando por supuesto que la identidad colectiva constituye una especie de “esencia”, una suerte de núcleo cultural unitario al que podría accederse hurgando en nuestras raíces hispánicas o quechuas, o proyectando hacia el futuro una nueva unidad, asociada al “mestizaje”. La denominada “peruanidad” descansaría en una unidad, pasada o futura, no en un determinado modo de ser ético y político que se haya desplegado sin interrupciones en el tiempo.

Salir de este tipo de concepción “esencialista” de la identidad colectiva supone recordar que un grupo social es un conjunto de individuos que comparten ideas, valores, prácticas sociales, una herencia y propósitos  comunes. El tejido histórico-social de la comunidad está compuesto por los hilos de las historias personales de sus miembros. Sus fines y acciones coordinadas le dan sentido a la trama común de experiencias que animan un relato acerca de lo que cada uno ha hecho consigo mismo, de lo que quiere y no quiere ser.

Comprender nuestra identidad supone asimismo colocar la cuestión relativa a quién califica como miembro de la comunidad política del país, esto es, como ciudadano. La llamada “independencia nacional” significó el acceso de la población criolla –los “españoles americanos”– a la conducción del Estado, mas no implicó la inclusión política y económica de la mayoritaria población quechua y mestiza. El tributo indígena no fue abolido con la independencia, tampoco la esclavitud fue erradicada; solo obtuvieron la libertad los descendientes de esclavos nacidos después del 28 de julio de 1821.

Es así como puede constatarse en el Perú la dificultad para la construcción de un proyecto político democrático que funcione como un trasfondo ético, legal e institucional para afirmar nuestra identidad y el reconocimiento igualitario. Han florecido en nuestra mal llamada “historia republicana” regímenes autoritarios basados en el caudillismo, en los privilegios de unos pocos y en la presencia de “instituciones tutelares”; gobiernos que han preservado los modos de discriminación en términos de raza, cultura, género y estatus socioeconómico y que no se han preocupado por edificar una cultura de la inclusión ni por construir alguna clase de proyecto político.

Se podría sostener que la idea de identidad nacional está fundada, más bien, en el trabajo de la memoria y a partir de ella en la voluntad de “hacer historia”. La memoria alude a la reconstrucción de las vivencias de las personas y de los pueblos a través del testimonio y la palabra viva de sus usuarios. Desde la construcción narrativa que tiene lugar en el presente se ordenan las vivencias del pasado: sus propósitos, valoraciones, situaciones y desafíos diversos, todo aquello que ha llevado a constituir y comprender lo que cada uno es hoy. Por otro lado, asumiendo lo experimentado, el hecho de avanzar en el tiempo planeando y haciendo realidad un proyecto resulta fundamental, puesto que así  se complementa el peso de lo que fuimos y se otorga vigencia al presente.

Llegados a este punto, podríamos preguntarnos si hemos madurado en estas dimensiones –que finalmente son ético-políticas– reveladoras de nuestro ser y nuestro estar como sociedad que se reclama “peruana”.

Temo que la respuesta no sería muy alentadora. Me inclinaría a pensar que nuestro pasado se halla aún deformado por “historias oficiales” en las que es más importante lo que no se dice, o lo que se disfraza, que la verdad y autenticidad de lo vivido; en otros términos, somos un país con una memoria enferma. Si ello es así, entonces resulta claro que, también, somos en el presente y avizorando el futuro una sociedad que se agota en la retórica vacía o, a lo mejor, en los buenos deseos, pero que en el fondo no sabe lo que quiere ser o, si lo sabe, no se halla dispuesta a trabajar con esfuerzos redoblados para hacer frente a desafíos gigantescos. Memoria descuidada, voluntad débil, conocimiento frágil sobre nuestra historicidad: no hay duda de que todavía nos queda mucho por hacer.

Hay 2 Comentarios
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12 de agosto de 2012 | 19 hrs
escribe:

debemos avanzr no ussar pobrreza, ixentiddad, desarrrollo

02 de agosto de 2012 | 16 hrs
escribe:

Buena columna, y una buena perspectiva desde la filosofía política.

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Salomón Lerner Febres Salomón Lerner Febres

Bachiller en Derecho por la PUCP (1970-1967). Doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica (1973).   Actualmente se desempeña  como  Presidente Ejecutivo del Instituto de Derechos Humanos y Profesor principal de  la Especialidad de Filosofía en el departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

 

Es Presidente de la Sociedad Filarmónica de Lima.  Asimismo Presidente de la Filmoteca PUCP; Presidente del  Consejo Permanente Premio Southern Peru Corporation – PUCP; Presidente el Consejo Consultivo de la Escuela de Música de la PUCP. Rector de esa casa de estudios durante dos  periodos 1994-1999 y 1999-2004 respectivamente. Posteriormente, fue nombrado Rector Emérito.  Ha sido Presidente de la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL 1999-2002) y 2001 miembro del Consejo Nacional de Cultura. En 2001 fue designado por el gobierno de transición del Perú,  Presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, culminando sus labores en el 2003. 

 

A lo largo de su trayectoria ha participado en diversos coloquios, ponencias y mesas de diálogo sobre las experiencias y conclusiones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Igualmente, ha recibido  distinciones en reconocimiento a su compromiso a favor de los Derechos Humanos. Entre ellas  la Orden Nacional de la Legión de Honor conferida por el Gobierno Francés (2002); Grado de Oficial otorgado por el Gobierno de Polonia (2002); Gran Oficial de la Orden al Mérito de la Policía Nacional del Perú (2003); Premio Nacional de Derechos Humanos (2003); Medalla de Honor del Congreso de la República en grado de Gran Cruz (2004); Premio de Derechos Humanos,  otorgado por la Fundación Friedrich Ebert Stiftung – Berlín Alemania (2005). Palmas Magisteriales en grado de Amauta otorgado por el Ministerio de Educación (2006). Medalla “Defensoría del Pueblo” otorgada por la Defensoría del Pueblo (2006).

 

Es Doctor Honoris Causa de la Universidad La Sorbona de París, Francia (2009) y Profesor Honorario en distintas universidades de nuestro país. Es autor de diversas publicaciones vinculadas a temas de Filosofía, Universidad y Derechos Humanos entre las que destacan Reflexiones en torno a la Universidad”. Imagen Institucional de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Primera Edición. Febrero, 2000. Lima, Perú. Coautor del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación”. Primera edición, noviembre de 2003. ISBN: 9972-9742-4-3 ; 9972-9742-5-1. Impreso en Perú y consta de Nueve Tomos de análisis de la violencia vivida en el Perú entre los años 1980 y 2000. La Rebelión de la Memoria”. Selección de discursos 2001-2003*. IDEHPUCP, Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2004. “Universidad, Fe y Razón”. Discursos de Apertura de los Años Académicos 1995-2004 en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Abril, 2007.