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Paz y justicia: recomendaciones incumplidas

Por Salomón Lerner Febres

Hace casi ocho años la Comisión de la Verdad y Reconciliación formuló un conjunto de recomendaciones para afrontar el legado de la violencia. Esas recomendaciones fueron el resultado de una investigación amplia y profunda sobre los orígenes del conflicto padecido, los factores que lo hicieron posible, los crímenes cometidos, los daños ocasionados a las víctimas y los efectos producidos sobre la realidad política y moral del país.

La Comisión consideró que un pasado de tal naturaleza no se podía superar mediante el simple paso del tiempo y, menos aún, por medio de una ignorancia deliberada de los hechos y de las responsabilidades a las que ellos daban lugar. La superación de la violencia demandaba un aprendizaje colectivo: conocer y asumir lo sucedido para, a partir de ahí, tomar decisiones y desarrollar políticas públicas dirigidas a la reforma de nuestras instituciones y a la atención de los derechos de las víctimas.

Las recomendaciones sobre justicia, reparaciones y reformas institucionales tuvieron en su centro de interés, en efecto, a las víctimas y sus derechos vulnerados. Y ello se explica, pues una sociedad no se puede afirmar como democrática mientras ignore la condición de ciudadanos de todo un sector de su población.

Al mismo tiempo, las recomendaciones de la Comisión encerraban un sentido de futuro. Se trataba de actuar frente al pasado para afirmar el camino hacia una paz sostenible. Ello significaba desactivar los factores de exclusión y de autoritarismo que han acompañado a nuestra sociedad durante toda su etapa republicana. Para la Comisión, ello implicaba corregir, mejorar o perfeccionar el trato entre Estado y sociedad, así como el trato que los peruanos, en cuanto seres humanos y ciudadanos, se dispensan mutuamente. Desmontar una cultura autoritaria y construir una verdadera sociedad de ciudadanos, tal era, es, el sentido más amplio de aquellas recomendaciones.

Resulta forzoso reconocer que las propuestas de justicia, reparaciones y reformas han sido muy poco tenidas en cuenta por este gobierno, así como fueron también mayormente ignoradas por el anterior. Es cierto que el ejercicio de la justicia penal es competencia del PJ. Sin embargo, el Ejecutivo tiene muchas tareas que debe cumplir para franquear el camino a la justicia de los tribunales, comenzando por la de proporcionar toda la información necesaria que permita esclarecer los casos de violaciones de DDHH que involucran a personal militar. Al mismo tiempo, posee la capacidad de presentar iniciativas legislativas y facilitar los recursos financieros y materiales para que la tarea de la justicia resulte más efectiva. Nada de eso ha sido realizado en los últimos cinco años. Y ello habla elocuentemente sobre el puesto que la justicia ocupa entre las prioridades del gobierno que ahora termina.

Del mismo modo, las reparaciones han sido manejadas en este quinquenio con un escaso ánimo para cumplirlas bajo la forma de una política efectiva, abarcadora y respetuosa de los derechos de las víctimas. Lo realizado a título de reparaciones colectivas no es solamente insuficiente; es, además, poco ordenado y no cumple con los criterios básicos de coherencia necesarios para hablar de un programa justo, pues no es la pobreza la que debiera determinar las poblaciones a resarcir, sino más bien la intensidad del daño sufrido. Por otro lado, el trabajo de empadronamiento de las víctimas, a cargo del Consejo de Reparaciones, fue durante algún tiempo entorpecido por la falta de recursos. Y en las últimas semanas un decreto que establece de manera unilateral y arbitraria fechas límite para inscribirse como víctima, así como topes muy bajos para las reparaciones económicas, ha reconfirmado la poca seriedad con que esta tarea ha sido asumida por el gobierno.

Finalmente, resulta evidente que las reformas institucionales siguen siendo el aspecto más desdeñado por el Estado. Es como si, obnubilados por el crecimiento económico, se hubiera caído en la tentación de creer que eso es únicamente lo que nuestro país necesita para asegurar el bienestar de sus ciudadanos. Los conflictos locales de los últimos tiempos son clara muestra de lo poco avanzado en materia de corregir las relaciones entre Estado y sociedad.

Es deber del próximo gobierno tomar en serio recomendaciones que son vitales para nuestra democracia. Es responsabilidad, también, de la sociedad organizada redoblar su atención, sus demandas y propuestas para el cumplimiento de tareas que conciernen a todos los peruanos que crean en la democracia.

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Salomón Lerner Febres Salomón Lerner Febres

Bachiller en Derecho por la PUCP (1970-1967). Doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica (1973).   Actualmente se desempeña  como  Presidente Ejecutivo del Instituto de Derechos Humanos y Profesor principal de  la Especialidad de Filosofía en el departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

 

Es Presidente de la Sociedad Filarmónica de Lima.  Asimismo Presidente de la Filmoteca PUCP; Presidente del  Consejo Permanente Premio Southern Peru Corporation – PUCP; Presidente el Consejo Consultivo de la Escuela de Música de la PUCP. Rector de esa casa de estudios durante dos  periodos 1994-1999 y 1999-2004 respectivamente. Posteriormente, fue nombrado Rector Emérito.  Ha sido Presidente de la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL 1999-2002) y 2001 miembro del Consejo Nacional de Cultura. En 2001 fue designado por el gobierno de transición del Perú,  Presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, culminando sus labores en el 2003. 

 

A lo largo de su trayectoria ha participado en diversos coloquios, ponencias y mesas de diálogo sobre las experiencias y conclusiones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Igualmente, ha recibido  distinciones en reconocimiento a su compromiso a favor de los Derechos Humanos. Entre ellas  la Orden Nacional de la Legión de Honor conferida por el Gobierno Francés (2002); Grado de Oficial otorgado por el Gobierno de Polonia (2002); Gran Oficial de la Orden al Mérito de la Policía Nacional del Perú (2003); Premio Nacional de Derechos Humanos (2003); Medalla de Honor del Congreso de la República en grado de Gran Cruz (2004); Premio de Derechos Humanos,  otorgado por la Fundación Friedrich Ebert Stiftung – Berlín Alemania (2005). Palmas Magisteriales en grado de Amauta otorgado por el Ministerio de Educación (2006). Medalla “Defensoría del Pueblo” otorgada por la Defensoría del Pueblo (2006).

 

Es Doctor Honoris Causa de la Universidad La Sorbona de París, Francia (2009) y Profesor Honorario en distintas universidades de nuestro país. Es autor de diversas publicaciones vinculadas a temas de Filosofía, Universidad y Derechos Humanos entre las que destacan Reflexiones en torno a la Universidad”. Imagen Institucional de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Primera Edición. Febrero, 2000. Lima, Perú. Coautor del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación”. Primera edición, noviembre de 2003. ISBN: 9972-9742-4-3 ; 9972-9742-5-1. Impreso en Perú y consta de Nueve Tomos de análisis de la violencia vivida en el Perú entre los años 1980 y 2000. La Rebelión de la Memoria”. Selección de discursos 2001-2003*. IDEHPUCP, Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2004. “Universidad, Fe y Razón”. Discursos de Apertura de los Años Académicos 1995-2004 en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Abril, 2007.