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Tiempo y Verdad

En ocasiones el transcurso del tiempo confirma verdades y  expone  de modo rotundo  a las mentiras como tales.  Ninguna falsedad, por más que haya sido apuntalada por los poderes más influyentes, se puede sostener indefinidamente.  El paso de los años suele abrir  grietas en el edificio de las mentiras hasta derribarlo. Lo saben bien los regímenes autoritarios; su afán de censurar  a la historia está siempre abocado al fracaso aunque durante un tiempo ese control parezca irreductible. Del mismo modo, verdades que en cierto momento son descubiertas y expuestas terminan, a la larga, por ser confirmadas como tales por más impopulares y combatidas que hayan sido en el momento de su revelación, por más incómodas que hayan resultado para los poderes fácticos.

El futuro ilumina  pues el pasado, nos instruye sobre esas realidades que no se pudo o que no se quiso reconocer en su momento y  abre así  la posibilidad de que, si se le encara con honestidad y valentía, el pasado se convierta en una acertada guía sobre el presente y el porvenir, no por obra de un determinismo histórico, sino  como orientación sobre nuestras decisiones en la historia  aún no escrita, aquella situada en el reino de la libertad.

No es impertinente centrar  nuestra atención en este curioso vínculo entre nuestras certezas y proyectos y el paso del tiempo sobre el modo en que la actualidad nacional va confirmando las revelaciones e interpretaciones que expuso la Comisión de la Verdad y Reconciliación sobre la violencia en nuestro país.

  En su momento,  ellas  fueron cuestionadas,  sin argumentos,  por un sector de políticos y miembros de las elites. También fueron atacadas, ciertamente,  por los voceros de la organización terrorista Sendero Luminoso. Unos y otros se mostraban renuentes a asumir sus responsabilidades;  unos y otros preferían seguir representándose al Perú de la forma en que su ceguera o su fanatismo se los aconsejaba.

Hoy  nadie puede negar que las víctimas de las que habló en su momento la CVR son seres reales, de carne y hueso, y que los abusos de los que fueron objeto en efecto ocurrieron, razón por la cual el país les debe reparaciones. El  número de personas desaparecidas parece superar  largamente la cifra reportada a la CVR, lo cual reafirma que la proyección que ella  realizó fue un ejercicio serio y responsable. Las cantidades de cuerpos cuyos restos están siendo hallados en sitios de entierro clandestino apuntan en esa dirección.
Decir esto no es motivo de alegría. Nadie puede complacerse en la confirmación de una tragedia. Se trata más bien de leer en esta confirmación un llamado a la responsabilidad, a la seriedad y a la valentía para reconocer la verdad.

De otra parte, recordemos que  la CVR no sólo reveló datos. Mostró también cómo es que ciertas orientaciones de las autoridades –no solamente las políticas– proveyeron el contexto para la violencia.

Nada de ello resta a la mayúscula responsabilidad de  ese movimiento fundamentalista y criminal: Sendero Luminoso, responsabilidad que fue  afirmada y demostrada por la Comisión. Pero es innegable que la vocación autoritaria, el culto de la fuerza, el desdén hacia la población también  forman parte de la cuota de responsabilidad  de quienes conducen al Estado u otras instituciones influyentes en nuestra sociedad. 

Sobre este asunto,  ¿fue  exageración o una calificación injusta lo  afirmado  por la CVR? Lamentablemente, no; hoy, en medio de la convulsión social, el mismo egoísmo, el mismo celo, el mismo apetito de poder se han hecho oír de parte de autoridades o dignatarios frente a la necesidad de tender puentes entre Estado y sociedad.  La misma actitud de quienes ayer optaron cerradamente por la fuerza, dando la espalda a las poblaciones,  se ve confirmada  hoy  por gestos y dichos que ponen obstáculos  en el camino del diálogo en lugar de apoyar con franqueza y generosidad a quienes tienen la difícil tarea de ponerlo en práctica.
El tiempo confirma amargas verdades, señala la repetición de tendencias y conductas que deberían haber cambiado. Quienes se equivocaron ayer se vuelven a equivocar hoy.   Nos falta, parece, propósito de enmienda.

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Salomón Lerner Febres Salomón Lerner Febres

Bachiller en Derecho por la PUCP (1970-1967). Doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica (1973).   Actualmente se desempeña  como  Presidente Ejecutivo del Instituto de Derechos Humanos y Profesor principal de  la Especialidad de Filosofía en el departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

 

Es Presidente de la Sociedad Filarmónica de Lima.  Asimismo Presidente de la Filmoteca PUCP; Presidente del  Consejo Permanente Premio Southern Peru Corporation – PUCP; Presidente el Consejo Consultivo de la Escuela de Música de la PUCP. Rector de esa casa de estudios durante dos  periodos 1994-1999 y 1999-2004 respectivamente. Posteriormente, fue nombrado Rector Emérito.  Ha sido Presidente de la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL 1999-2002) y 2001 miembro del Consejo Nacional de Cultura. En 2001 fue designado por el gobierno de transición del Perú,  Presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, culminando sus labores en el 2003. 

 

A lo largo de su trayectoria ha participado en diversos coloquios, ponencias y mesas de diálogo sobre las experiencias y conclusiones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Igualmente, ha recibido  distinciones en reconocimiento a su compromiso a favor de los Derechos Humanos. Entre ellas  la Orden Nacional de la Legión de Honor conferida por el Gobierno Francés (2002); Grado de Oficial otorgado por el Gobierno de Polonia (2002); Gran Oficial de la Orden al Mérito de la Policía Nacional del Perú (2003); Premio Nacional de Derechos Humanos (2003); Medalla de Honor del Congreso de la República en grado de Gran Cruz (2004); Premio de Derechos Humanos,  otorgado por la Fundación Friedrich Ebert Stiftung – Berlín Alemania (2005). Palmas Magisteriales en grado de Amauta otorgado por el Ministerio de Educación (2006). Medalla “Defensoría del Pueblo” otorgada por la Defensoría del Pueblo (2006).

 

Es Doctor Honoris Causa de la Universidad La Sorbona de París, Francia (2009) y Profesor Honorario en distintas universidades de nuestro país. Es autor de diversas publicaciones vinculadas a temas de Filosofía, Universidad y Derechos Humanos entre las que destacan Reflexiones en torno a la Universidad”. Imagen Institucional de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Primera Edición. Febrero, 2000. Lima, Perú. Coautor del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación”. Primera edición, noviembre de 2003. ISBN: 9972-9742-4-3 ; 9972-9742-5-1. Impreso en Perú y consta de Nueve Tomos de análisis de la violencia vivida en el Perú entre los años 1980 y 2000. La Rebelión de la Memoria”. Selección de discursos 2001-2003*. IDEHPUCP, Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y Centro de Estudios y Publicaciones. Diciembre 2004. “Universidad, Fe y Razón”. Discursos de Apertura de los Años Académicos 1995-2004 en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Abril, 2007.