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Espionaje e inversiones

Por Alberto Adrianzén M. (*)

Luego del espionaje chileno es bueno preguntarse si la política frente a este país ha sido un error. Pasar del amor al odio de un día para otro, muestra que la pregunta no es ociosa. Lo peor es escudarse tras un falso chauvinismo para ocultar errores. La idea de que las relaciones con Chile mejorarían con la teoría de las cuerdas separadas, es decir separar las relaciones diplomático-políticas de las económico-comerciales, ha mostrado que no es el mejor camino para mantener relaciones normales con nuestro vecino del sur. La emulación (o competencia) económica que propuso el presidente García no bien asumió el gobierno, no solo ha sido insuficiente sino hasta ingenua y peligrosa.

Pensar que el ingreso (masivo) de inversiones chilenas en nuestro país conduciría a un cambio en el comportamiento del Estado chileno es un error. Lo que ha sucedido es todo lo contrario. Las razones son obvias. Cuando un país invierte en otro más de siete mil millones de dólares –que es justamente lo que ha hecho Chile todos estos años en el Perú– sus preocupaciones e intereses aumentan, pero también cambian. No es extraño, en este contexto, que Chile haya modificado las llamadas hipótesis de guerra. De un conflicto bélico con Argentina se ha pasado, como hipótesis, a un enfrentamiento con Bolivia y Perú.

Por eso el espionaje chileno poco tiene que ver con la demanda presentada ante la Corte de La Haya (esta situación tiene varios años y, por lo tanto, es bastante anterior a la demanda) y sí, más bien, con sus inversiones en el país y sus propias insuficiencias.

En realidad, lo que está detrás del espionaje es un intento de tutelaje a los intereses e inversiones que Chile mantiene en nuestro país. La idea de que el libre comercio mejoraría las relaciones bilaterales no solo ha resultado un fracaso sino también ha incentivado este intento de tutelaje chileno. En otras palabras, considerar como iguales a inversionistas peruanos y extranjeros, ha terminado por afectar nuestra seguridad y soberanía. La afirmación de que el capital no tiene patria solo se la creen los neoliberales peruanos. El Estado chileno, no.

Olvidarse de la trama histórica que está detrás de las relaciones con Chile ha sido y es también otro error. Es pensar que la historia no tiene importancia; que Chile es un país distante, como lo es Polonia; que nada tiene que ver con nuestro pasado. Como también que solo el libre comercio integra y nos convierte en socios. Es creer, ahora que hemos firmado el TLC con EEUU, que ese hecho nos convierte en “socios” e “iguales”.

El otro dato es el cambio de lenguaje. Llamar “republiqueta” a Chile, decir que este país nos envidia (más allá de que sea verdad), implica un cambio significativo en la manera de vincularse con el otro (en este caso con Chile). Sin embargo, hay que decir que ello no es exclusivo del presidente García. El cambio de lenguaje hoy recorre la región. Los conflictos, hasta ahora verbales, entre los presidentes de Venezuela y Colombia, o de Ecuador y Colombia, o, también, de Perú y Bolivia, son ejemplos claros que hemos pasado a otro tipo de diplomacia.

Lo que antes se decía en privado ahora se dice en público. Las formas diplomáticas parecen disolverse para dar curso al conflicto como vínculo principal. Es cierto que esta modalidad tiene mucho que ver con la nueva “guerra fría” que se vive en la región y que el presidente García es uno de sus principales impulsores. Pero también con los procesos y problemas en cada uno de estos países. El tono subido de muchos presidentes, sospecho, es para consumo interno. Para poner a la sociedad tras el “enemigo externo” y desplazar a sus opositores. Y eso es tan peligroso como el “repulsivo” espionaje chileno.

(*) La página web de este columnista se traslada a La Mula. Pueden encontrar mis artículos y otros comentarios en el blog: Disidencias, albertoadrianzen.lamula.pe

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Alberto Adrianzén Alberto Adrianzén

Sociólogo de la Universidad Católica. Estudió ciencias políticas en El Colegio de México. Trabajó muchos años en la ONG DESCO, donde fue investigador principal en temas de política nacional e internacional Trabajó en el Grupo Propuesta Ciudadana donde se dedicó a promover la descentralización del país. También trabajó en el Congreso de la República como Asesor de la Bancada del Partido Nacionalista Peruano. Fue Asesor del Presidente Valentín Paniagua durante el gobierno de transición.

En los últimos años se desempeñó como asesor político en la Comunidad Andina y en el año 2005 fue nombrado por ésta como Veedor Internacional en el proceso de selección y designación de la Corte Suprema de Justicia del Ecuador, labor por la cual fue condecorado por el gobierno de dicho país. A partir de ello ha tenido ocasión de vivir y trabajar en Ecuador así como en Bolivia y se he mantenido muy vinculado al proceso de integración andina a través de su trabajo de consultor en el Instituto para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) desde el 2007.

Desde 1980 hace periodismo: trabajó en el Diario de Marka, en las revistas Jaque y Amauta. Con un grupo de amigos y militantes de IU fundaron el Zorro de Abajo, de breve pero importante presencia política. Luego escribió en Perú 21 desde su fundación hasta el 2004. Desde esa fecha tiene una columna semanal en el diario La República y es miembro de su Consejo Editorial de dicho diario. También ha sido profesor en la U. Católica y en la Academia Diplomática del Perú.

Militó en la izquierda desde sus años universitarios y ha mantenido desde entonces una actividad política, si bien no siempre a través de la militancia en un partido político de izquierda, siempre apostando por la consolidación de un espacio progresista y democrático en la política peruana para que el Perú cambie y para que la política tome en cuenta los intereses de las mayorías. Por su trabajo en todos estos años ha sido un convencido que la integración, primero con los países andinos y luego sudamericanos, es una tarea urgente, impostergable, si queremos salir de nuestra pobreza, alcanzar la democracia, el desarrollo y vivir en paz. Ha participado en la Comisión de Plan de Gobierno como responsable del capítulo de Relaciones Exteriores de la alianza política, GanaPerú, partido político que ganó las últimas elecciones (2011) en el Perú. Actualmente se desempeña como parlamentario andino, para el período 2006-2011 por dicha alianza política.