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La izquierda y el fin del siglo XX

Alberto Adrianzén M.

El hecho más importante de este año (y de las últimas décadas) ha sido –y sigue siendo– la crisis de la economía capitalista mundial. En estos días, países como EEUU, Japón, Alemania y otros han anunciando que han entrado en recesión. Sin embargo, el dato de esta crisis, la más grave junto con la de los años 30, no radica solamente en su profundidad y extensión sino también en que pone fin al ciclo neoliberal que se inició hace más de dos décadas con la crisis de los Estados de Bienestar y con los triunfos de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y de Ronald Reagan en EEUU, que convirtieron al capitalismo, sobre todo luego de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética, en una fuerza aparentemente indiscutible e invencible. Fueron los años de la arrogancia neoliberal y neoconservadora que los llevó a decretar el “Fin de la Historia”.

Y si bien para el historiador inglés Eric Hobsbawn el siglo XX se acabó en 1989 con la caída del Muro de Berlín, hoy podemos afirmar que con el desplome del capitalismo realmente existente, como bien dice mi amigo Juan Enrique Vega (socialista chileno), ahora sí estamos, en realidad, frente al fin del largo siglo XX.

Joseph Stiglitz en un reciente artículo, “Capitalistas estúpidos”, afirma que esta crisis se ha producido no por las fallas del sistema económico sino más bien por una sucesión de políticas, de intereses y de personajes que creían (codiciosamente) que los mercados al ajustarse solos no debían ser regulados: “La filosofía de la desregulación pagó dividendos indeseados durante años. En noviembre de 1999, el Congreso revocó la Ley Glass-Steagall

–culminación de un esfuerzo de cabildeo de US$ 300 millones por las industrias bancarias y de servicios financieros, y liderado en el Congreso por el senador Phil Gramm. Glass-Steagall había separado desde hace tiempo a los bancos comerciales (que prestan dinero) y a los bancos de inversiones (que organizan la venta de bonos y valores); había sido promulgada como consecuencia de la Gran Depresión y debía limitar los excesos de esa era, incluidos los conflictos de intereses”.

Si el socialismo realmente existente fracasó por proteger los intereses de un puñado de burócratas que se había apropiado del Estado y adueñado de la voluntad popular, con el capitalismo realmente existente sucede lo mismo: es una minoría que se apropió del Estado y de la economía para enriquecerse. Por ello no es extraño que luego de la crisis se haya descubierto la estafa de Bernard Madoff, uno de los hombres más famosos y prestigiosos de Wall Street y que ha embaucado a bancos, fundaciones, millonarios, etc., por más de US$ 50,000 millones.

Y si bien la estafa Madoff es la fresa de la torta capitalista que cada vez más es solo para unos cuantos, es también una gran metáfora sobre cómo funciona un capitalismo que se basa en la búsqueda del dinero fácil y en la codicia, y que, al no encontrar barreras ni controles, termina por convertirse en una actividad mafiosa. Vuelvo a citar a Franklin Roosevelt: “Ahora sabemos que un gobierno en manos del capital organizado es igual de peligroso que un gobierno en manos del crimen organizado”.

Podríamos decir, en este contexto, que, finalmente, la izquierda ha sido liberada de una de sus últimas rémoras o cargas: la hegemonía que ejerció el neoliberalismo sobre una parte de ella. Si con la caída del Muro un sector de la izquierda se aproximó al neoliberalismo, como lo demuestra la famosa Tercera Vía construida por un laborismo y una socialdemocracia agotados históricamente, hoy, con la crisis mundial del capitalismo, ya no existen paradigmas a los cuales acudir. Ni el socialismo autoritario ni el neoliberalismo son alternativas para imaginar un mundo distinto. El siglo XX llega a su fin con el fracaso de las dos opciones que definieron todo este largo periodo.

Sin embargo caben dos precisiones: a) cuando se habla de fracaso, ello no implica que estos modelos de sociedad y desarrollo no sigan funcionando. Lo que se quiere decir es que ya no son alternativas para imaginar un mundo distinto; y b) no sería nada extraño que entremos a lo que Thomas Kuhn llama el movimiento circular de paradigmas luego de una gran crisis, es decir, al empleo de viejos paradigmas para explicar las actuales anomalías o, dicho de otra forma, a la supervivencia del dogmatismo tanto de izquierda como de derecha.

Si con la caída del Muro de Berlín la izquierda quedó desarmada, hoy con la crisis del capitalismo neoliberal y la caída de Wall Street (otro muro), esa misma izquierda se podría rearmar. Lo que se debe hacer, por lo tanto, es un debate abierto sobre la necesidad de un nuevo pensamiento original, capaz de aprender de sus errores históricos y de explicar y transformar la realidad. Por eso, a aquellos que decretaron el llamado “Fin de la Historia”, hay que decirles que ella goza de buena salud, señal que avanzamos.

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Alberto Adrianzén Alberto Adrianzén

Sociólogo de la Universidad Católica. Estudió ciencias políticas en El Colegio de México. Trabajó muchos años en la ONG DESCO, donde fue investigador principal en temas de política nacional e internacional Trabajó en el Grupo Propuesta Ciudadana donde se dedicó a promover la descentralización del país. También trabajó en el Congreso de la República como Asesor de la Bancada del Partido Nacionalista Peruano. Fue Asesor del Presidente Valentín Paniagua durante el gobierno de transición.

En los últimos años se desempeñó como asesor político en la Comunidad Andina y en el año 2005 fue nombrado por ésta como Veedor Internacional en el proceso de selección y designación de la Corte Suprema de Justicia del Ecuador, labor por la cual fue condecorado por el gobierno de dicho país. A partir de ello ha tenido ocasión de vivir y trabajar en Ecuador así como en Bolivia y se he mantenido muy vinculado al proceso de integración andina a través de su trabajo de consultor en el Instituto para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) desde el 2007.

Desde 1980 hace periodismo: trabajó en el Diario de Marka, en las revistas Jaque y Amauta. Con un grupo de amigos y militantes de IU fundaron el Zorro de Abajo, de breve pero importante presencia política. Luego escribió en Perú 21 desde su fundación hasta el 2004. Desde esa fecha tiene una columna semanal en el diario La República y es miembro de su Consejo Editorial de dicho diario. También ha sido profesor en la U. Católica y en la Academia Diplomática del Perú.

Militó en la izquierda desde sus años universitarios y ha mantenido desde entonces una actividad política, si bien no siempre a través de la militancia en un partido político de izquierda, siempre apostando por la consolidación de un espacio progresista y democrático en la política peruana para que el Perú cambie y para que la política tome en cuenta los intereses de las mayorías. Por su trabajo en todos estos años ha sido un convencido que la integración, primero con los países andinos y luego sudamericanos, es una tarea urgente, impostergable, si queremos salir de nuestra pobreza, alcanzar la democracia, el desarrollo y vivir en paz. Ha participado en la Comisión de Plan de Gobierno como responsable del capítulo de Relaciones Exteriores de la alianza política, GanaPerú, partido político que ganó las últimas elecciones (2011) en el Perú. Actualmente se desempeña como parlamentario andino, para el período 2006-2011 por dicha alianza política.