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Las derechas

Han pasado dos meses de la asunción presidencial de Ollanta Humala y cabe preguntarse si lo que viene sucediendo con la derecha política –atrincherada en algunos medios de comunicación y en el fujimorismo– es el anuncio de lo que será en el futuro. Porque, en verdad, su comportamiento en todo ese tiempo, además de lamentable, nos dice que nada bueno podemos esperar de ella.

El comportamiento de un sector, dizque liberal, que se esconde bajo las sotanas de una iglesia por lo demás conservadora; que moviliza a sectores fundamentalistas para atacar a funcionarios de este gobierno por el solo hecho de pensar diferente; que embiste  contra ministros de una manera  mentirosa, nos anuncia que nada será fácil. Esa derecha, que Ludolfo Paramio llama la “derecha rabiosa”, nos dice también del carácter conservador de la misma.

Asuntos como los de la universidad católica, el aborto terapéutico y otros temas similares son, en verdad, relevantes si se quiere cambiar el hoy sentido conservador de una parte de nuestra sociedad. Combatir esta suerte de sentido común,  que esta “derecha rabiosa” defiende a sangre y fuego, no solo es bueno para el gobierno sino, incluso, para un liberalismo peruano que vive atrapado entre un temor reaccionario hacia las clases populares (particularmente si son andinos) y una hegemonía católica conservadora tan bien expresada en estos días por el cardenal Juan Luis Cipriani. Por ello, siempre he creído que el neoliberalismo peruano es una simple coartada de una cultura oligárquica que se niega a morir pese al avance de la modernidad y de la modernización en nuestro país.

Porque resulta hasta cómico ver cómo estos sectores (Correo, Expreso y La Razón,) defienden lo que Giovanni Sartori califica como las principales amenazas a la democracia: la cruz y la espada. Patrocinan tanto un catolicismo decimonónico  trasnochado como un militarismo que lleva por bandera la impunidad. Llamarse o autoproclamarse liberal y defender al Vaticano, incluso contra las leyes peruanas, no es solo un contrasentido en estos tiempos sino también una farsa política. En verdad, una estafa que nada tiene que ver con un auténtico liberalismo.

Sin embargo, ya conocemos sus objetivos: por un lado, “toledizar” a Ollanta Humala, es decir, hacer depender la popularidad presidencial de las carátulas o primeras planas de algunos medios y, por otro, definir una nueva composición de este gobierno mediante campañas contra lo que podemos calificar de sector “progresista” (ellos lo llaman “caviar”). Por eso, salen de “caza” casi todos los días buscando a su víctima para “liquidarla” políticamente. Lo que buscan es que “rueden cabezas” de funcionarios progresistas de este gobierno en un plazo corto.

Y si bien la lista es más o menos larga, las principales “víctimas” han sido: Ricardo Soberón, la ministra de la Mujer, Aída García Naranjo, y su entorno de asesores como viene sucediendo en estos días; Susana Chávez, asesora en el ministerio de Salud por ser una defensora de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres; el canciller Rafael Roncagliolo y hasta el mismo Presidente y su esposa.

 Lo que pretenden, en última instancia, es establecer un pacto con la derecha económica –que ahora está negociando con el gobierno–  sobre la base de que pueden ser “útiles” a sus intereses. Para ello tienen que mostrar toda su “artillería” y lo que podemos llamar “toda su capacidad de fuego”. Por eso la exageración y el disfuerzo político de estos días.

En este contexto, el dato más importante de estas primeras semanas es, acaso, esta suerte de división entre una derecha económica pragmática y una ultraderecha política (y mediática) extremadamente ideologizada y mentirosa que camina, así lo esperamos, a su autoaislamiento. Se puede afirmar que un  resultado de estos dos meses de gobierno de Ollanta Humala, entre otros, es la fisura, después de muchos años, de la propia derecha. Y eso es bueno.

(*) Parlamentario Andino

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Alberto Adrianzén Alberto Adrianzén

Sociólogo de la Universidad Católica. Estudió ciencias políticas en El Colegio de México. Trabajó muchos años en la ONG DESCO, donde fue investigador principal en temas de política nacional e internacional Trabajó en el Grupo Propuesta Ciudadana donde se dedicó a promover la descentralización del país. También trabajó en el Congreso de la República como Asesor de la Bancada del Partido Nacionalista Peruano. Fue Asesor del Presidente Valentín Paniagua durante el gobierno de transición.

En los últimos años se desempeñó como asesor político en la Comunidad Andina y en el año 2005 fue nombrado por ésta como Veedor Internacional en el proceso de selección y designación de la Corte Suprema de Justicia del Ecuador, labor por la cual fue condecorado por el gobierno de dicho país. A partir de ello ha tenido ocasión de vivir y trabajar en Ecuador así como en Bolivia y se he mantenido muy vinculado al proceso de integración andina a través de su trabajo de consultor en el Instituto para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) desde el 2007.

Desde 1980 hace periodismo: trabajó en el Diario de Marka, en las revistas Jaque y Amauta. Con un grupo de amigos y militantes de IU fundaron el Zorro de Abajo, de breve pero importante presencia política. Luego escribió en Perú 21 desde su fundación hasta el 2004. Desde esa fecha tiene una columna semanal en el diario La República y es miembro de su Consejo Editorial de dicho diario. También ha sido profesor en la U. Católica y en la Academia Diplomática del Perú.

Militó en la izquierda desde sus años universitarios y ha mantenido desde entonces una actividad política, si bien no siempre a través de la militancia en un partido político de izquierda, siempre apostando por la consolidación de un espacio progresista y democrático en la política peruana para que el Perú cambie y para que la política tome en cuenta los intereses de las mayorías. Por su trabajo en todos estos años ha sido un convencido que la integración, primero con los países andinos y luego sudamericanos, es una tarea urgente, impostergable, si queremos salir de nuestra pobreza, alcanzar la democracia, el desarrollo y vivir en paz. Ha participado en la Comisión de Plan de Gobierno como responsable del capítulo de Relaciones Exteriores de la alianza política, GanaPerú, partido político que ganó las últimas elecciones (2011) en el Perú. Actualmente se desempeña como parlamentario andino, para el período 2006-2011 por dicha alianza política.