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Los retos del nuevo gobierno

Por: Alberto Adrianzén M. (*)

Han pasado casi dos semanas del triunfo, realmente histórico, de Ollanta Humala y de Gana Perú. Decimos histórico no solo porque es la primera vez que una fuerza progresista gana una elección presidencial sino también porque estamos frente a una oportunidad de cambiar el rumbo de nuestra historia política y de reformar la democracia y la economía en el país.

Cada vez queda más claro, si cabe la expresión, que el tema de fondo de estas elecciones, como también de las anteriores, ha sido (y sigue siendo) la inclusión de millones de peruanos en una sociedad que tiene como sus principales características su diversidad social, cultural, étnica y política, pero al mismo tiempo la negación de esa diversidad vía la exclusión de muchos. El problema principal en este contexto es cómo se incluye a esos millones de peruanos que hoy son más electores que ciudadanos (muchos de ellos sin derechos) en una nueva sociedad que hace tiempo quiere nacer.

Hasta el momento han existido tres formas de inclusión en el país: a) la autoritaria, b) la clientelar, y c) el mercado. La primera fue la que se dio en el velasquismo, que, en realidad, más que incluir, liberó a una mayoría de peruanos de formas premodernas de dominación. Las otras dos han sido las propuestas que se han ensayado desde los años 80. Fue el fujimorismo el proyecto más audaz al combinar estas tres formas de inclusión de manera casi simultánea, ya que comenzó siendo una propuesta autoritaria para luego combinar lo clientelar y el mercado como espacios de inclusión. Además de perseguir a sus opositores, “estatizó” (o convirtió en clientela del régimen autoritario) a los pobres y entregó el mercado a los grupos económicos para enriquecerse.

No es extraño que en estas elecciones se hayan jugado dos formas de inclusión: por un lado, la clientelar (se puede añadir autoritaria y neoliberal), expresada en una campaña electoral que ponía más énfasis en los regalos, en la antipolítica y en un discurso que hablaba aparentemente a los pobres, y por el otro, una inclusión democrática que ponía el acento en la devolución (o restauración) y ampliación de un conjunto de derechos ciudadanos, en un nuevo sentido de pertenencia al país vía el nacionalismo y de una profunda reforma del Estado, y de un gobierno de los que menos tienen. Se podría afirmar que lo que se estaba jugando era quién hegemonizaba el mundo popular y a los pobres para incluirlos en el país. La victoria electoral del fujimorismo hubiese significado el regreso de una forma clientelar de inclusión, de un control autoritario de los pobres y de un gobierno de los ricos.
Por eso el triunfo del nacionalismo abre otra posibilidad que se puede resumir en las siguientes preguntas: cómo crear una democracia de ciudadanos, cómo (re)crear instituciones democráticas y cómo gobernar en función de las grandes mayorías, manteniendo la estabilidad y un crecimiento económico que en lugar de concentrar ingresos sea capaz de distribuirlos con equidad y justicia.

Dicho en otros términos, cómo cambiar el país sin caer en el autoritarismo y en la ingobernabilidad. Y si bien ello depende de un gobierno responsable y de indudable sello popular, la tarea más importante es cómo se construye una mayoría política capaz de hacer un país viable e integrado pero también de poner fin al dominio de grupos minoritarios que han permitido que los poderes fácticos y el caudillismo político hayan sido los principales actores de un ejercicio del poder casi siempre autoritario, de baja institucionalidad y ajeno a los intereses populares.

El reto es muy grande. Tan grande como son hoy las esperanzas de los que menos tienen y que un cinco de junio decidieron votar por el cambio y la democracia.

Nota: El lunes pasado falleció Augusto Ramírez Ocampo. Colombiano, canciller de ese país, alcalde de Bogotá y dirigente del Partido Conservador, pero sobre todo un hombre bondadoso y símbolo de que la decencia política existe. Descansa en paz, querido amigo.

(*) albertoadrianzen.lamula.com

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Alberto Adrianzén Alberto Adrianzén

Sociólogo de la Universidad Católica. Estudió ciencias políticas en El Colegio de México. Trabajó muchos años en la ONG DESCO, donde fue investigador principal en temas de política nacional e internacional Trabajó en el Grupo Propuesta Ciudadana donde se dedicó a promover la descentralización del país. También trabajó en el Congreso de la República como Asesor de la Bancada del Partido Nacionalista Peruano. Fue Asesor del Presidente Valentín Paniagua durante el gobierno de transición.

En los últimos años se desempeñó como asesor político en la Comunidad Andina y en el año 2005 fue nombrado por ésta como Veedor Internacional en el proceso de selección y designación de la Corte Suprema de Justicia del Ecuador, labor por la cual fue condecorado por el gobierno de dicho país. A partir de ello ha tenido ocasión de vivir y trabajar en Ecuador así como en Bolivia y se he mantenido muy vinculado al proceso de integración andina a través de su trabajo de consultor en el Instituto para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) desde el 2007.

Desde 1980 hace periodismo: trabajó en el Diario de Marka, en las revistas Jaque y Amauta. Con un grupo de amigos y militantes de IU fundaron el Zorro de Abajo, de breve pero importante presencia política. Luego escribió en Perú 21 desde su fundación hasta el 2004. Desde esa fecha tiene una columna semanal en el diario La República y es miembro de su Consejo Editorial de dicho diario. También ha sido profesor en la U. Católica y en la Academia Diplomática del Perú.

Militó en la izquierda desde sus años universitarios y ha mantenido desde entonces una actividad política, si bien no siempre a través de la militancia en un partido político de izquierda, siempre apostando por la consolidación de un espacio progresista y democrático en la política peruana para que el Perú cambie y para que la política tome en cuenta los intereses de las mayorías. Por su trabajo en todos estos años ha sido un convencido que la integración, primero con los países andinos y luego sudamericanos, es una tarea urgente, impostergable, si queremos salir de nuestra pobreza, alcanzar la democracia, el desarrollo y vivir en paz. Ha participado en la Comisión de Plan de Gobierno como responsable del capítulo de Relaciones Exteriores de la alianza política, GanaPerú, partido político que ganó las últimas elecciones (2011) en el Perú. Actualmente se desempeña como parlamentario andino, para el período 2006-2011 por dicha alianza política.