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Otro decenio fujimorista

Por Alberto Adrianzén M. (*)

Hace unos días, el historiador y ex rector de San Marcos Manuel Burga afirmaba en esta misma página (7/1/10) que el año pasado –uno podría decir que todos estos años– lo que hemos tenido es un sedimento que “consolida el modelo peruano de reproducción del subdesarrollo”.

En esta misma lógica también se puede afirmar que lo que deja este decenio es la persistencia del fujimorismo como una suerte de cultura política en el país. En todos estos años, pese a los esfuerzos democráticos en los inicios del decenio pasado que se plasmaron en la caída del régimen autoritario de Fujimori y en la constitución de un gobierno de transición, a lo cual se puede añadir el nacimiento de un nacionalismo de signo plebeyo y progresista, lo que destaca es esta continuidad fujimorista en varios e importantes aspectos.

El primero, como señala Burga pero también otros estudiosos, es la consolidación de un modelo primario exportador que nos condena, como en el pasado, al subdesarrollo. Ello representa no solo la vigencia de un modelo económico sino también –y sobre todo– la dominación de un grupo social que mantiene, como en la década de los noventa, el control del Estado. Los modelos económicos no están al margen de la política. La vigencia de tal o cual modelo está asociada al control de la economía, de la política y hasta de la cultura por determinados grupos sociales. Y si hoy, como afirma Burga, el Presidente baila y canta de espaldas a la realidad como en los ochenta, es porque ese canto y ese baile no corresponden a la actual correlación de fuerzas sociales.

Lo que quiero afirmar es que la persistencia del fujimorismo en la vida nacional tiene como costo político un proceso de “reoligarquización” del Estado y de la democracia, y de desnacionalización de la economía, lo que se expresa en la hegemonía de los llamados poderes fácticos. Ellos desde los años noventa no ganan una elección democrática pero acaban controlando el Estado.

Un segundo factor es la permanencia igualmente de un poder mediático que nació durante el fujimorismo y que se expresa, como en el pasado, en su estrecha relación con los poderes económicos y políticos. Existen honrosas excepciones, pero se puede afirmar, sin exagerar, que la mayoría de los medios son los guardianes de este nuevo orden oligárquico. Se suman a los operativos psicosociales del poder, liquidan o intentan liquidar a sus adversarios, subordinan a los políticos y, muchas veces, fijan las agendas públicas.

El tercero es la incapacidad, pese a algunos esfuerzos solitarios, por producir una reforma política y tecnológica de las fuerzas armadas. El poder, como de costumbre, termina por establecer una alianza con este sector que se sustenta en la impunidad y en la corrupción, y en el mantenimiento de una estructura y de una cultura corporativas que buscan legitimar un supuesto carácter tutelar de esta institución.

Y finalmente la persistencia del fujimorismo se expresa en el control político del poder judicial, en la subordinación del legislativo al ejecutivo, en la reiteración de una política social clientelar, en la corrupción extendida y en la vigencia de una Constitución que garantiza la continuidad del modelo y el control político de los grandes grupos económicos. Seguramente se pueden añadir otros factores, pero creemos que estos son los más importantes ya que definen, además, el proceso de reoligarquización del país.
Estos factores, que han permanecido a lo largo de estos años, son una suerte de “enclaves autoritarios” que garantizan la vigencia de un pacto de dominación de las elites, que fue inaugurado y construido durante el régimen autoritario de Alberto Fujimori. En este contexto, la política adquiere un carácter confrontacional porque tiene como una de sus tareas principales poner fin a ese pacto de dominación y concluir así una transición que quedó inconclusa en la década que acaba de terminar.

(*) albertoadrianzen.lamula.pe

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Alberto Adrianzén Alberto Adrianzén

Sociólogo de la Universidad Católica. Estudió ciencias políticas en El Colegio de México. Trabajó muchos años en la ONG DESCO, donde fue investigador principal en temas de política nacional e internacional Trabajó en el Grupo Propuesta Ciudadana donde se dedicó a promover la descentralización del país. También trabajó en el Congreso de la República como Asesor de la Bancada del Partido Nacionalista Peruano. Fue Asesor del Presidente Valentín Paniagua durante el gobierno de transición.

En los últimos años se desempeñó como asesor político en la Comunidad Andina y en el año 2005 fue nombrado por ésta como Veedor Internacional en el proceso de selección y designación de la Corte Suprema de Justicia del Ecuador, labor por la cual fue condecorado por el gobierno de dicho país. A partir de ello ha tenido ocasión de vivir y trabajar en Ecuador así como en Bolivia y se he mantenido muy vinculado al proceso de integración andina a través de su trabajo de consultor en el Instituto para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) desde el 2007.

Desde 1980 hace periodismo: trabajó en el Diario de Marka, en las revistas Jaque y Amauta. Con un grupo de amigos y militantes de IU fundaron el Zorro de Abajo, de breve pero importante presencia política. Luego escribió en Perú 21 desde su fundación hasta el 2004. Desde esa fecha tiene una columna semanal en el diario La República y es miembro de su Consejo Editorial de dicho diario. También ha sido profesor en la U. Católica y en la Academia Diplomática del Perú.

Militó en la izquierda desde sus años universitarios y ha mantenido desde entonces una actividad política, si bien no siempre a través de la militancia en un partido político de izquierda, siempre apostando por la consolidación de un espacio progresista y democrático en la política peruana para que el Perú cambie y para que la política tome en cuenta los intereses de las mayorías. Por su trabajo en todos estos años ha sido un convencido que la integración, primero con los países andinos y luego sudamericanos, es una tarea urgente, impostergable, si queremos salir de nuestra pobreza, alcanzar la democracia, el desarrollo y vivir en paz. Ha participado en la Comisión de Plan de Gobierno como responsable del capítulo de Relaciones Exteriores de la alianza política, GanaPerú, partido político que ganó las últimas elecciones (2011) en el Perú. Actualmente se desempeña como parlamentario andino, para el período 2006-2011 por dicha alianza política.