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Una explicación necesaria

Por Alberto Adrianzén M.(*)

Hace un par de semanas (el 17 de enero), un grupo de ciudadanos decidimos dar a conocer un manifiesto en el cual declaramos nuestro apoyo a la candidatura presidencial de Ollanta Humala. Desde ese día, sobre todo luego de la conferencia de prensa que dimos los firmantes, he recibido varios correos. Algunos saludando la iniciativa, otros más bien críticos. Me han preguntado por qué estoy cerca de una propuesta autoritaria, cuando años atrás asesoré a un demócrata como Valentín Paniagua. Otros me dicen cómo un hombre de izquierda puede estar de acuerdo con un proyecto nacionalista. Me parece que todos estos comentarios ameritan una respuesta.

En primer lugar, considero que el proyecto nacionalista no es autoritario. Me extraña que se afirme, sin mostrar evidencias concretas de ello, que el nacionalismo tiene esa característica, más aún cuando nunca ha gobernado este país. Y me extraña más que se equipare al nacionalismo con el fujimorismo. Eso es simplemente un prejuicio. Sería bueno que todos aquellos que creen que el nacionalismo es autoritario lean el programa del 2006 y digan en qué parte o qué propuesta es autoritaria.

En segundo lugar, considero que hoy el nacionalismo está jugando un rol importante en la política nacional. Constituye una posibilidad de construir una representación política, sobre todo plebeya, de los sectores populares. Posibilidad, dicho sea de paso, que es una vieja deuda de la izquierda desde los años 80 y que hoy se hace más urgente frente a la amenaza que significa el fujimorismo. Ese proceso de creación de una nueva representación tiene lugar, por ejemplo, hoy en Bolivia. En ese contexto, el nacionalismo en el Perú, es parte del proceso de cambio que se vive en países como Ecuador o Bolivia, más allá de las obvias diferencias que existen y que hacen a cada proceso único e irrepetible.

En tercer lugar, el nacionalismo aparece también como una posibilidad de construir una nueva mayoría política y electoral en el país. Esto es, un proceso de creación de nuevas identidades colectivas, claramente diferenciadas políticamente, y capaces de competir y confrontarse en un proceso democrático. En este contexto, el nacionalismo, al igual que otras fuerzas políticas, tiene un carácter progresista y progresivo porque le devuelve a la política lo que es propia de ésta: su capacidad para construir nuevos sujetos políticos (es decir, mayorías políticas), su capacidad transformadora de la realidad y una clara vocación de poder. Hoy ese poder está en manos de maquinarias electorales y de los poderes fácticos (grupos empresariales, medios de comunicación, farándula y lobbys, entre otros). No es extraño que hayamos entrado a una fase de banalización de la política para liquidar su capacidad transformadora y hegemónica.

En cuarto lugar, considero que el nacionalismo (en alianza con otras fuerzas democráticas) es capaz de continuar la transición que se inició con la caída de Alberto Fujimori y con la llegada al poder de Valentín Paniagua y que quedó inconclusa. Para el presidente Paniagua, como lo he señalado en otras oportunidades, la transición democrática no es solo un cambio de régimen político, sino que tiene, como él señala en un texto del año 2002, un carácter refundacional. Dicho en otros términos, una transición es exitosa cuando es capaz de transformar el orden social de una manera global, lo que supone un claro camino reformista. Por ello, el reto principal del nacionalismo, es cambiar el país; crear una nueva representación política, una sociedad más justa y nueva institucionalidad (republicana) capaz de administrar la vieja y siempre presente tensión entre democracia y liberalismo; terminar con los privilegios; y regular el mercado (también se puede leer como capitalismo), hoy casi sin controles efectivos.

Eso es a lo que aspiramos los que firmamos el manifiesto “Por la gran transformación del Perú” y también, estoy seguro, muchos otros. 

(*) albertoadrianzen.lamula.pe

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Alberto Adrianzén Alberto Adrianzén

Sociólogo de la Universidad Católica. Estudió ciencias políticas en El Colegio de México. Trabajó muchos años en la ONG DESCO, donde fue investigador principal en temas de política nacional e internacional Trabajó en el Grupo Propuesta Ciudadana donde se dedicó a promover la descentralización del país. También trabajó en el Congreso de la República como Asesor de la Bancada del Partido Nacionalista Peruano. Fue Asesor del Presidente Valentín Paniagua durante el gobierno de transición.

En los últimos años se desempeñó como asesor político en la Comunidad Andina y en el año 2005 fue nombrado por ésta como Veedor Internacional en el proceso de selección y designación de la Corte Suprema de Justicia del Ecuador, labor por la cual fue condecorado por el gobierno de dicho país. A partir de ello ha tenido ocasión de vivir y trabajar en Ecuador así como en Bolivia y se he mantenido muy vinculado al proceso de integración andina a través de su trabajo de consultor en el Instituto para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) desde el 2007.

Desde 1980 hace periodismo: trabajó en el Diario de Marka, en las revistas Jaque y Amauta. Con un grupo de amigos y militantes de IU fundaron el Zorro de Abajo, de breve pero importante presencia política. Luego escribió en Perú 21 desde su fundación hasta el 2004. Desde esa fecha tiene una columna semanal en el diario La República y es miembro de su Consejo Editorial de dicho diario. También ha sido profesor en la U. Católica y en la Academia Diplomática del Perú.

Militó en la izquierda desde sus años universitarios y ha mantenido desde entonces una actividad política, si bien no siempre a través de la militancia en un partido político de izquierda, siempre apostando por la consolidación de un espacio progresista y democrático en la política peruana para que el Perú cambie y para que la política tome en cuenta los intereses de las mayorías. Por su trabajo en todos estos años ha sido un convencido que la integración, primero con los países andinos y luego sudamericanos, es una tarea urgente, impostergable, si queremos salir de nuestra pobreza, alcanzar la democracia, el desarrollo y vivir en paz. Ha participado en la Comisión de Plan de Gobierno como responsable del capítulo de Relaciones Exteriores de la alianza política, GanaPerú, partido político que ganó las últimas elecciones (2011) en el Perú. Actualmente se desempeña como parlamentario andino, para el período 2006-2011 por dicha alianza política.