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En relación a los nuevos indicadores

Hace poco, el Instituto Nacional de Estadística publicó datos actualizados a nivel nacional para la pobreza monetaria calculada en función del valor de la canasta básica del consumidor (tasa de pobreza), del valor de la canasta básica alimentaria (extrema pobreza) y del ingreso mensual per cápita. El hecho fue de que la pobreza calculada al año 2010, bajó de 31.3% a 30.8% y la extrema pobreza de 9.8% a 7.6%. Asimismo, el valor de la canasta básica del consumidor bajó de S/. 264.00 a S/. 260.00 y el de la canasta básica alimentaria quedó fijada en aproximadamente S/. 138.00.

Otro detalle que vale la pena comentar es que la nueva pobreza urbana se ubica en 20.0%, mientras que la pobreza rural está en 61.0%, denotando una vez más que si las familias en el país quieren incrementar sus posibilidades de salir de pobres, tienen que migrar del campo a la ciudad. En cuanto a la pobreza extrema, ocurre lo mismo; ésta es del 1.9% en el sector urbano y de 23.8% en el sector rural. En otras palabras, mientras que en la ciudad dos de cada cien habitantes no pueden atender sus necesidades mínimas alimentarias, en el campo este número es de 24 por cada 100.

Al respecto, considero que no se pueden descuidar otros criterios que también deberían publicarse con frecuencia para referirse a las condiciones de vida o bienestar social de las comunidades en nuestro país, o de los grupos humanos más vulnerables. Se trata, por ejemplo, de la tasa de desnutrición crónica infantil en menores de cinco años (TDC) y de la tasa de mortalidad infantil en menores de un año (IMI).

Si bien la mortalidad infantil en menores de un año no se puede eliminar del todo, sí se puede reducir con adecuados programas de nutrición a la madre y al niño y de educación a la madre. En el caso de la desnutrición crónica infantil en menores de cinco años, no solo es necesario erradicarla, sino que es una urgencia impostergable hacerlo. No se puede aceptar un lento avance en la disminución de la desnutrición infantil, pues un niño desnutrido es un futuro desempleado o un futuro componente de la población en situación de pobreza, porque es poco probable que se pueda insertar en el mercado laboral con éxito cuando alcance la mayoría de edad. Mantener elevadas tasas de desnutrición crónica infantil es alimentar el círculo vicioso de la pobreza y no tener presente el bien común, que lo definimos como el conjunto de condiciones que permiten que todos tengamos las mismas posibilidades de poder desarrollar nuestras capacidades individuales de acuerdo a nuestra dignidad humana.

En este sentido, no es posible que en distritos de las zonas altas de Arequipa (Puyca en la provincia de La Unión por ejemplo) se mantengan tasas de desnutrición crónica infantil por encima del 70%; es decir que de cada cien niños menores de 5 años, más de setenta están desnutridos. Debemos estar alertas para que cifras como las tasas de pobreza y de extrema pobreza no nos impidan conocer otros indicadores que manifiestan lo grave de la realidad de los grupos humanos más vulnerables como los niños, que son el futuro de nuestra sociedad y que deben ser una preocupación permanente, no solo del gobierno, sino de todas las organizaciones de la sociedad civil. Finalmente, debo mencionar que el cuidado de los niños pasa por el fortalecimiento de la familia, núcleo de la sociedad, donde se obtienen los valores y donde justamente los niños, reciben, o deben recibir un cuidado y atención especiales.

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Germán Chávez Contreras Germán Chávez Contreras

Economista, Magister en Economía y Doctor en Ciencias Sociales.

Rector de la Universidad Católica San Pablo.