La Segunda Guerra Mundial debe ser el capítulo de la humanidad que más ficciones y trabajos históricos ha inspirado. El abanico de ensayos, novelas, enciclopedias y documentales que parten del mayor episodio de insania y salvajismo provocado por el hombre es vastísimo, y uno podría creer que no queda mucho más por contar. Hasta que aparece una película como Bastardos sin gloria, donde reescribiendo a sus anchas la historia, Quentin Tarantino prueba que siempre hay espacio para nuevas y atrapantes lecturas.
Lo mismo ocurre con HHhH, la primera novela del francés Laurent Binet, ganadora del premio Goncourt. El libro, cuyas casi 400 páginas se leen como una exhalación, toma su título de una sentencia que se repetía en la Alemania de Hitler: «Himmlers Hirn heisst Heydrich»: «El cerebro de Himmler se llama Heydrich». Cuenta la historia de la «Operación Antropoide», emprendida por un puñado de paracaidistas para acabar con la vida de Reinhardt Heydrich, también llamado «La Bestia Rubia» o «El Carnicero», temido jefe de la Gestapo, protector de Bohemia Moravia e ingeniero de la Solución Final, el proceso de industrialización del genocidio judío, que cambió los fusilamientos por las cámaras de gas con un resultado espeluznante: once millones de muertos.
En HHhH Binet alterna las descripciones de la vida y obra del frío y eficaz Heydrich −uno de los mayores monstruos de nuestra especie− con frecuentes intromisiones del narrador. En vez de limitarse a contar los hechos −el decurso de la guerra, la selección y entrenamiento de los paracaidistas Gabčík y Kubiš, la ejecución del atentado, las represalias que lo siguieron−, éste es una presencia que no pasa inadvertida: irrumpe constantemente en la narración para salpicar citas de libros y comentarios de películas, y para advertir al lector cuando se siente tentado de torcer la historia, o de completar con pura imaginación los pequeños vacíos de su investigación, por lo demás monumental.
Así Binet consigue recrear el clima de opresión que siguió a la invasión nazi de Chequia, gobernada con mano de hierro por Heydrich. Las mejores páginas son aquellas que dedica al ataque contra «La Bestia Rubia», que circulaba soberbio por las calles de Praga en un Mercedes sin techo, con su chofer como única escolta. Muerto «El Carnicero», la paranoia y el absurdo se apoderaron de las tropas invasoras, que emprendieron una sucesión vertiginosa de registros, incautaciones y fusilamientos en la ciudad, y que fueron capaces de arrasar el pueblito de Lidice −hecho que terminó por desenmascarar al Tercer Reich frente a la opinión pública mundial−, solo por una ambigua carta de desamor, que pareció sospechosa a los agentes de la SS. Pero aquellos esfuerzos no habrían servido de nada sin la intervención del traidor Karel Čurda, quien delató a sus compañeros, finalmente cercados en la iglesia ortodoxa San Carlos Borromeo, hoy llamada iglesia de San Cirilo y San Metodio.
Libros como HHhH son un recordatorio y una advertencia contra inmundicias como Reinhardt Heydrich y Adolf Hitler, autores de la peor masacre de nuestra historia. Por eso conviene leerlos, reflexionar y estar alerta.
