Por: Raúl Tola
El último domingo ‘Cuarto Poder’ difundió un reportaje sobre la reserva de Tambopata, un paraíso de 275 mil hectáreas en el corazón de Madre de Dios, donde sobreviven 600 variedades de aves, 150 mamíferos, 100 anfibios y reptiles, y 1.255 plantas, y cuya área de amortiguamiento comienza a ser invadida por la despiadada minería informal. Para extraer el oro, los mineros remueven los ríos con potentes motores, contaminan sus aguas con mercurio, construyen lavaderos deforestando el bosque, y levantan campamentos a lo largo de kilómetros continuos de excavaciones irregulares, donde hoy mismo viven hasta 15 mil personas.
El informe permitió conocer al parlamentario oficialista Eulogio Amado Romero, expresidente de la Federación Minera de Madre de Dios (Fedemin), titular de varias concesiones y –en un evidente conflicto de intereses que evidenció hace poco, cuando presentó un Proyecto de Ley para derogar un DU donde se ordena suspender los petitorios mineros y se prohíbe el uso de las devastadoras dragas–miembro de la Comisión de Energía y Minas. Repantigado en un sillón, con el nudo de la corbata flojo y la mirada perdida, Romero balbuceó algunas torpes justificaciones para su iniciativa, sin éxito: “Aquí técnicamente a las dragas no se ha demostrado nada, ¿no?”, dijo.
El congresista tampoco fue capaz de explicar un video donde se le veía –cuando ya había sido elegido– al lado del actual presidente de Fedemin, Aquiles Velásquez, que arengaba a los mineros invasores, declarando al Estado, la región y los ambientalistas sus principales enemigos. Romero ya era un prontuariado –ni bien accedió al Parlamento se supo que sobre él pesaba una orden de captura por peculado– pero esta semana adquirió notoriedad al pasearse por varios programas de TV y dar la razón, con su patética falta de argumentos, a quienes exigen que se le denuncie ante la Comisión de Ética y eventualmente se le expulse del Legislativo.
Luego del anterior Congreso, donde las faltas y transgresiones provocaron una andanada de sobrenombres («comepollo», «robaluz» o «mataperro», por citar los más difundidos), lo que terminó en el mayor desprestigio de este poder del Estado, llama la atención que los partidos políticos no hayan puesto más empeño a la hora de seleccionar a sus postulantes. Varios factores pueden explicar esta situación: la falta de institucionalidad partidaria, los pícaros que nunca faltan, y hasta la presencia de mafias que buscan protección a través del financiamiento electoral. En todo caso algo está claro: si el Parlamento es impopular no es, como alguna vez dijo Daniel Abugattás, por una campaña de demolición de los medios, sino por sujetos como Amado Romero.
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