Por Raúl Tola
Cada día que pasa me convenzo más: estas elecciones han conseguido sacar lo peor del Perú. Al enfrentarse Keiko Fujimori y Ollanta Humala, los dos candidatos con mayores resistencias, más que un proceso electoral, nuestro país parece vivir una carnicería.
Quizá uno de los ejemplos más deplorables del estado actual de las cosas sea la campaña de insultos contra MVLL, que ha sobrepasado cualquier límite, y se ha extendido a su familia y allegados. Las acusaciones son viejas y conocidas, pero hoy se repiten con especial virulencia en los medios, en las conversaciones de salón, en Facebook y en Twitter.
Curiosamente, quienes ahora empapelan con agravios de todo calibre a VLL son los mismos que apoyaron su candidatura presidencial en 1990, y treparon al barco de Alberto Fujimori –al que antes despreciaban– cuando descubrieron en él al presidente de sus sueños. Con los años y la debacle del fujimorismo, VLL accedió a la indulgencia de estas gentes, y hasta consiguió entusiasmarlas cuando obtuvo el Nobel. Pero ahora, al hacer público su apoyo a Ollanta Humala, parece haber cometido la traición final.
Lo más triste es descubrir que detrás de estos ataques y del extendido estado de intolerancia no hay posturas políticas claras e informadas –quienes han leído y meditado el plan de gobierno de Ollanta Humala, o la sentencia contra Alberto Fujimori son una minoría– sino viejos prejuicios que parecían camino a la extinción, pero han sido revitalizados por estas elecciones. Solo así se explica que el sinnúmero de correos electrónicos apócrifos y chismes ridículos que circulan por las redes sociales gocen de tanta credibilidad. O que aparezcan páginas como «Ellos votan por Humala o viciado», con el único propósito de perseguir y hostigar en todas las formas posibles a quienes piensan distinto.
¿Tienen culpa los medios en el actual estado de las cosas? Lamentablemente, sí. No creo que sea un problema asumir una posición editorial y apoyar a un candidato. Pero en el Perú, esta práctica tan saludable y extendida sirve como un pretexto para travestir la opinión y hacerla pasar por noticia. ¿Cómo comprender por ejemplo que sobre un mismo hecho, la visita de MVLL a la Feria del Libro de Buenos Aires, un diario titule: «Le dan con palo», y otro «Eclipsó a sus críticos»?
¿Es responsable comportarse así? ¿Deben los medios callar toda información que perjudique a «su» candidato, y atacar como sea al competidor? ¿Cuánto contribuye esta política, llena de invectivas y medias verdades, en la crispación general? ¿Cuánto tiempo tomará recuperarnos de ellas? ¿No estaremos ahondando una fractura social, que luego será irreversible?
+ Secciones
Especiales
