Ubicado a un lado del Parque de la Exposición, en el vetusto edificio donde alguna vez funcionaron el Ministerio de Transportes y la Sunat, el Museo Metropolitano es un deslumbrante recorrido por la historia de Lima, desde la eclosión geológica que originó el valle del río Rímac hasta nuestros días. El pasado prehispánico, la fundación de la ciudad por Francisco Pizarro, los años del virreinato, el desolador terremoto de 1746, el Combate del 2 de Mayo, todas las fechas significativas en la vida de nuestra capital han sido presentadas allí con un novedoso sistema, que convierte la visita en una aventura ilustrativa y conmovedora, pero sobre todo muy divertida.
¿Cómo se obtiene un efecto tan particular? ¿Qué puede diferenciar a esta exposición de todas las demás? Muy sencillo: en vez de emplear objetos convencionales, como cuadros y antigüedades, sus creadores han recurrido a la tecnología y a las artes cinematográficas, para construir el primer museo íntegramente virtual del mundo. Sus salas son en realidad minuciosas escenografías, donde se suceden los hologramas y efectos especiales, y se proyecta cerca de 40 películas, algunas de ellas en tres dimensiones. Allí, como si fueran protagonistas en una ficción de época, vemos al cacique Taulichusco, a Pizarro, a Nicolás de Ribera «el Viejo» −primer alcalde de la Ciudad de los Reyes−, a Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, al virrey Amat y Micaela Villegas, a José de San Martín en plena proclama de la Independencia, y a Ricardo Palma.
Visité el Museo Metropolitano gracias a una invitación de sus realizadores. Entre tantas sorpresas y relatos, las casi dos horas de recorrido, que comienzan con Juan Diego Flórez proyectado sobre la cúpula de la entrada, en una soberbia interpretación de «Lima de veras», pasaron como una exhalación. Pero mientras subía y bajaba escaleras, repasaba viejas historias aprendidas en el colegio y conocía otras nuevas, llevado de las narices por una narración muy bien producida y estructurada, no podía dejar de preguntarme por qué, si todo parece estar listo, las puertas del museo permanecen cerradas.
¿Qué priva al público de esta aventura de la cultura y el entretenimiento? ¿Por qué la alcaldía ha postergado por tanto tiempo su apertura, que recién se hará este 17 de diciembre? ¿Por qué el Museo Metropolitano parece despertar tantas suspicacias? ¿Para impedir que esta estupenda obra se asocie con la anterior gestión edil, a la que se dedica una de las galerías finales?
Espero que no sea así. Es cierto: Luis Castañeda pretendió aprovechar esta obra para promover su candidatura presidencial, y por eso la inauguró cuando estaba incompleta, en un acto burdo. Pero las grandes ciudades deben tener grandes museos, y Lima no debe ser la excepción. El Museo Metropolitano es una excelente noticia que debe ser celebrada sin cuentas políticas. Ojalá en un par de semanas miles de personas lo visiten, se admiren, se enorgullezcan y aprendan un poco más.
