Esta semana se conmemoraron 29 años de la matanza de Uchuraccay. Allí, junto con su guía y un comunero, en medio de la confusión y el miedo, perdieron la vida los periodistas Eduardo de la Piniella, Pedro Sánchez, Félix Gavilán, Jorge Luis Mendívil, Willy Retto, Jorge Sedano, Amador García y Octavio Infante, a manos de campesinos locales. Los nombres de estos «mártires del periodismo peruano», como bien los califica Javier Ascue –quien salvó de morir porque unos dolores en la pierna lo imposibilitaron de unirse a la expedición– merecen estar en el recuerdo, y son un símbolo permanente de dos temas vastos y complejos: la violencia subversiva, que con la inaceptable pretensión del Movadef de inscribirse como partido ha vuelto a las primeras planas y es motivo de debate nacional, y la condiciones de peligro en que muchas veces la prensa desarrolla sus actividades.
En algo que parece más que una coincidencia, la última clasificación mundial de la libertad de prensa elaborada por Reporteros sin Fronteras fue hecha pública el 25, apenas un día antes del aniversario de Uchuraccay. A partir de un grupo de criterios, que van desde la tortura y asesinato de periodistas hasta la autocensura de los propios medios de comunicación, RSF evalúa la salud de la prensa en 179 países del mundo. Como es habitual, los primeros lugares son ocupados por democracias escandinavas –Finlandia y Noruega–, y los últimos por dictaduras confesionales u operadas por partidos únicos como Eritrea, Norcorea, Turkmenistán, Siria, Irán y China.
Según afirma RSF, la ola de protestas en el mundo también se dejó sentir en América. Uno de los países más golpeados por ella fue Chile, que en medio del clima de revuelta estudiantil y represión de carabineros descendió 47 lugares, hasta el 80. EE. UU., donde más de 25 periodistas padecieron detenciones y brutalidad policial por casos de “mala conducta”, “alteración del orden público”, y hasta falta de acreditación, cayó 27 ubicaciones, y está 47 en la lista.
Perú se encuentra rezagado, en el puesto 115. Sobre nuestro país RSF dice: «El balance humano de Brasil es comparable al de Perú, donde también fueron asesinados tres periodistas. País conocido por las frecuentes agresiones contra la prensa, Perú también se distingue por la multiplicación de procesos penales por “difamación” o “injuria”. El periodista audiovisual Paul Garay Ramírez pagó sus denuncias con seis meses de detención, entre abril y octubre de 2011». Es importante señalar que países como Ecuador y Bolivia, vistos desde aquí por encima del hombro en lo que se refiere a democracia, nos superan: 104 y 108, respectivamente, y que solo adelantamos a Venezuela, ubicada en el 117.
Difícil panorama del periodismo en el Perú, presentado cuando se recuerdan las absurdas muertes de Uchuraccay. Para borrar de una vez por todas a SL de nuestras vidas, y para enmendar el rumbo de nuestra democracia y proteger a nuestra prensa de las amenazas que enfrenta, solo queda un camino: el de la memoria. No olvidemos a las miles de víctimas de la violencia pasada, entre ellas los ocho mártires del periodismo peruano.