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¿Cómo se aprende a gobernar?

Por Jorge Bruce

La respuesta es muy sencilla, tautológica en realidad: gobernando. ¿Significa entonces que la única manera de aprender es haciéndose elegir Presidente de la República, para comenzar por la cabeza? En el Perú, sí. Lamentablemente. Ninguno de los mandatarios elegidos democráticamente que me han tocado tuvo experiencia de gobierno previa: Belaunde, García, Fujimori, Toledo o Humala comenzaron su aprendizaje en el sillón presidencial. Los dictadores tampoco, por lo demás: Velasco y Morales Bermúdez pasaron del cuartel a palacio, como tantos otros en nuestra historia republicana.

Cierto, algunos, como Belaunde o García, tuvieron experiencia política partidaria. Pero eso no prepara para las tareas de Gobierno, tal como ser gerente o dueño de una empresa tampoco enseña a manejar las riendas de una sociedad. Lo ideal sería que los futuros ocupantes del máximo cargo del Estado comenzaran desde abajo. Que de jóvenes asumieran cargos menores, como regidores distritales, funcionarios públicos, sobre todo de provincias, cargos regionales y así sucesivamente.

Mejor aún si existiera una escuela de administración pública, como la célebre ENA de Francia. De ese modo, cuando llegaran al codiciado sillón, no tendrían que partir de cero. Eso nos evitaría –o por lo menos atenuaría- unas cuantas patologías vinculadas a la magnitud y novedad del encargo. En el caso del flamante presidente peruano se observa una actitud excesivamente cautelosa. Incluso fóbica, como se desprende del uso del Twitter como herramienta de comunicación privilegiada.

Este proceso de aprendizaje representa una gran pérdida de tiempo y no pocos errores, sobre todo al designar, tal como hizo Fujimori, a personas cercanas que lo protejan de sus fantasmas y vacíos partidarios. Aunque su prudencia es preferible a la locuacidad grandilocuente de García o a la frivolidad de Toledo, quien encontraba la chamba papayita, se siente una actitud temerosa y dubitativa que puede terminar resultando muy costosa en términos de gobernabilidad. Y peligrosa, a tenor de lo ocurrido con el entorno de Fujimori.

Ya confirmamos la inmensa corrupción del Gobierno saliente, gracias a la tardía exposición del contralor. Lo propio sucede con la corrupción policial, que acaba de ser implícitamente admitida por el comunicado del Ministerio del Interior a las comisarías, en donde se les recuerda, con involuntaria ironía, que está prohibido el “charangueo”, la “CISA” y la coima. Tal como ha señalado el congresista Iberico, el comunicado tiene valor de confesión.

Transporte, seguridad, educación y salud, todas obligaciones que el régimen aprista pervirtió, convirtiéndolas en fuentes de latrocinio, ignorando las constantes denuncias de la Defensoría. El Presidente tiene una agenda de reforma del Estado gigantesca y urgente. La desmesura y la urgencia no combinan bien. De modo que Humala tendrá que salir de su repliegue defensivo y explicarse. Cometerá errores –ya se advierten algunos como el ministro Mora o su asesor legal personal– pero tiene la oportunidad de demostrar que sabe corregir las metidas de pata. Además, se le perdonarán las reclutadas si se ven resultados. Pronto.

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Jorge Bruce Jorge Bruce

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".