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Conflictos edípicos y sociales

A medida que se acentúa la distancia entre el Presidente de la República y su familia, cabe preguntarse acerca de las repercusiones emotivas que este alejamiento tendrá en el comportamiento del mandatario. En condiciones ordinarias esto sería una intromisión, pero deja de serlo en la medida que nos puede afectar a todos. Más allá de las frases destempladas o efectistas del padre Isaac Humala (“mientras uno de mis hijos está en la cima con ce el otro está en la sima con ese”, o algo así), es perturbadora la superposición de los lazos familiares con las posiciones ideológicas. Porque el motivo aparente de estas discrepancias yace en el cambio de Ollanta Humala entre lo prometido en campaña y lo realizado en el poder.

Utilizo la palabra “aparente” porque cuando se trata de lazos familiares los afectos acechan, listos para introducirse por cualquier grieta y reclamar su libra de carne, en palabras de Shakespeare, que sabía de estas confusiones entre el poder y las relaciones íntimas. Lo cual nos lleva al caso evocado de un hijo en palacio y otro en prisión. Cuando Jimmy Carter fue elegido presidente de los EEUU, un periodista le preguntó a su madre: ¿qué se siente tener un hijo tan famoso? Ella respondió: ¿cuál de ellos? Don Isaac arremete contra su hijo Presidente, arguyendo motivos políticos, cuando es probable que de lo que se trate es de un sentimiento de traición a los lazos de sangre: ¿cómo el hombre más poderoso del país permite que su hermano, quien se sacrificó por ambos en Andahuaylas, siga entre rejas? (en realidad los únicos sacrificados fueron los cuatro policías asesinados y sus familias: esperemos que no lo olvide el TC).

Hasta donde se sabe, la actitud del Presidente ha sido escrupulosamente institucional y respetuosa de la división de poderes. No obstante, es verosímil que la situación de tensión familiar lo “trabaje” internamente. Además, a las declaraciones explosivas de su padre se agregan las de su hermano y su hermana, e incluso se especula con un comunicado que incluiría al resto de la familia, lo cual constituiría una primicia rarísima en nuestra errática vida republicana.

Porque mientras se enredan estos conflictos edípicos al más alto nivel, los conflictos sociales hacen erupción en distintos puntos del país. El más álgido de los cuales es el de Cajamarca. Ciudad adonde estuvo a punto de viajar el padre del Presidente, a fin de sumarse a las protestas contra la minería en el departamento.

Todo indica que el viaje fue frustrado adrede y uno no puede dejar de preguntarse, siendo sinceros, si esta no fue una medida prudente. Ya es bastante complicada la situación tal como se encuentra, para añadirle la presencia de un señor cuya salud es un motivo de comprensible angustia para el Presidente.

A diferencia del clan Fujimori, en donde las fisuras se tramitan puertas adentro, un lado de los Humala expone sus diferencias a los cuatro vientos. Lo cual arroja al Presidente en brazos de su esposa –cuyo poder es cada día más ostensible– y la familia Heredia. Temo que esta preferencia por los vínculos “políticos” en lugar de los biológicos e ideológicos incube un escenario de desgarro familiar catastrófico. Ya es bastante inquietante la sensación dubitativa y evasiva de Ollanta Humala ante la crisis actual. Lo que menos necesitamos es que estas brechas se ahonden y distraigan al Jefe del Estado de sus graves obligaciones. Por el bien de la democracia: ¡terapia familiar!

Hay 1 Comentario
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23 de octubre de 2012 | 15 hrs
escribe:

Ud analiza a Don Isaac como si se tratase de un hombre común y corriente como ud.
Don Isaac es de la vieja aristocracia oriunda de PERU y tiene valores como el de la dignidad, el trabajo y el patriotismo. Aca no veo ninguna intención de aprovechamiento. En todo caso es evidente que Ollanta y la mujer se han aprovechado de los Humala y efecitvamente estos 2 necesitan ayuda siquiátrica

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Jorge Bruce Jorge Bruce

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".