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El deseo y la reparación de submarinos

Por Jorge Bruce

En una proeza mediática inusual, el Tribunal Constitucional ha conseguido que diarios de sensibilidades tan alejadas como La Primera y Correo coincidan en contra de su fallo sobre la Anticoncepción Oral de Emergencia. El propio Ejecutivo ha criticado la decisión, sin embargo inspirada por uno de los ministros más notorios del régimen, Rafael Rey. Increíblemente, los magistrados admiten haberse reunido con Luis Solari y el citado ministro, ambos tenaces opositores a la AOE y defensores acérrimos de la injerencia de la iglesia Católica en materia de salud pública y libertad individual. Aunque niegan haberse dejado influenciar, es tan obvia la proximidad entre su sentencia y las posturas de esos líderes ultraconservadores, que esa negación hace las veces de confesión… por así decirlo.

El avance de esas tendencias oscurantistas es preocupante en extremo porque las consecuencias son inmediatas y brutales. Si la AOE no se distribuye gratuitamente, queda claro que solo las mujeres de menos recursos se verán perjudicadas, condenadas al infierno en la tierra: embarazos no deseados, abortos clandestinos en condiciones abominables, o bien hijos que nunca planearon ni quisieron. Ahora bien, ¿qué saben Solari y Rey acerca del deseo femenino? Tanto como yo de reparación de submarinos. Lo que sí saben es presionar al Gobierno para lograr sus fines confesionales y demostrar que nuestro Estado es laico en el papel. Tal como los derechos sexuales y reproductivos de las menesterosas son letra muerta. Es obvio que un Presidente tan controlador como García deja hacer a Rey y que detrás de estas aparentes contradicciones en el seno del Gobierno hay una componenda con fines vaticanos, a la inversa de lo que pregona la ONG que cuenta a Yahvé y el espíritu santo entre sus auspiciadores.

Es claro que esos magistrados que obligan a las mujeres a abortar con riesgo de su vida o tener hijos que no desean comprarían el Levonorgestrel a sus hijas o amantes en menos tiempo de lo que tarda el espermatozoide en llegar al óvulo, asegurándose de que se espese el moco cervical y se inhiba la ovulación. Pero si se trata de misias, ¡que se embolen!

Entretanto, cabe preguntarse por qué estos señores de la extrema derecha religiosa odian el deseo femenino. Es evidente que al reducirlas a la condición de vientres ejercen un poder falocrático, violento y sádico, pero también se puede especular acerca del repudio y el terror que sienten ante la imagen de mujeres reivindicando, con gritos y jadeos, su derecho al placer no reproductivo. Ese mismo repudio y miedo que nos hacen sentir a quienes vemos cómo esas fuerzas inquisidoras se empecinan en las tinieblas religiosas, a fin de mantener a masas empobrecidas como una fuerza de trabajo ignorante y sumisa. Por eso el pánico al outsider: es un síntoma, el cuco que encarna esas pesadillas en donde retorna el daño que han hecho para conservar su lugar de dominación, exclusión y privilegios.

PD: Agradezco a Mirko Lauer haberme hecho notar que la cita en una columna previa, “No es sordo el mar: la erudición engaña”, corresponde a Góngora y no a Martín Adán. La memoria engaña.

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Jorge Bruce Jorge Bruce

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del perú. Ha publica varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación y es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".