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El hecho seleccionado

Por Jorge Bruce

El nuevo reglamento de tránsito, que ya lleva una semana de vigencia, es una muestra ideal de cómo no deben hacerse las cosas. Veamos. Tenemos uno de los peores sistemas de tránsito de la región. Sería ocioso hacer una lista de los males que nos aquejan apenas ingresamos a ese espacio público caótico y anómico en el que, parafraseando a Freddy Ternero y Barack Obama: ¡tú sí puedes! Es decir, puedes hacer lo que te venga en gana. Y tu mamá también. Varios han señalado que ese choque masivo de indiferencias constituye una excepcional representación del funcionamiento de la sociedad peruana. Esto va desde la ley del más fuerte hasta la competencia por espacios vacíos o pasajeros, ignorar al otro, zurrarse en la cromática de los semáforos, en fin: un hato de borregos camina mejor que nosotros. En el camino yacen atropellados pasajeros o peatones. Estos últimos a menudo se comportan en las pistas como si sus vidas se cotizaran en intis, cosa corroborada por autoridades rebasadas o indolentes.

Es evidente que las razones por las que no se cumplía el anterior reglamento continúan vigentes. El problema no es el guión sino los actores y directores de la obra. Es como si en un colegio en donde los alumnos salieran sistemáticamente jalados y los profesores, a su vez, desaprobaran las evaluaciones del ministerio, se intentara resolver el problema elevando la nota aprobatoria de once a quince. Pero tanto alumnos como docentes seguirían siendo los mismos personajes con una preparación deficiente. Es sintomático que la primera infracción del nuevo código fuera la de un comandante PNP que atropelló, en una maniobra temeraria, a dos peatonas con un vehículo sin placas. Luego intentó huir.

Pretender que mediante el incremento de las sanciones se va a combatir la corrupción y desmoralización de la policía, así como la violencia vial de conductores y peatones, y la pasividad de los pasajeros del transporte público, es creer en el código… da Vinci. No existen soluciones unilaterales para problemas complejos. Cierto, por algún lado hay que comenzar. Pero no por engañarse ni engañar a la ciudadanía, que sabe a qué atenerse, lo cual desalienta el cambio en su comportamiento.

El psicoanalista Bion recurre al concepto matemático del Hecho Seleccionado para identificar ese punto de síntesis que permite organizar y dar coherencia a aquello que está disperso. Introduce orden en el desorden. Esto requiere una escucha atenta y sensible. Es una experiencia emocional que el psicoanalista tiene que experimentar en el proceso de síntesis. El gobernante también. Solo elevar las sanciones implica procurar reorganizar el caos no a partir de la comprensión sino de la imposición. Es obvio que todos queremos un tránsito más ordenado y fluido, pero no vemos una propuesta integral que nos congregue y persuada. Si no hay una reforma de la policía, del transporte público y reglas sanas para el parque automotriz, así como una reeducación vial que permita introyectar las normas de tránsito como una herramienta del bien común, lo único que va a aumentar es la contaminación, el número de cadáveres y el precio de las coimas. Hasta el nuevo código mágico.

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Jorge Bruce Jorge Bruce

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del perú. Ha publica varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación y es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".