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El Perú es más grande que sus gobernantes

Ahora que el Premier ha puesto en agenda las citas descontextualizadas de Basadre, me permito esta paráfrasis de su célebre alusión a los problemas de nuestro país. Si analizamos el comportamiento de los principales dirigentes de nuestra sociedad desde que estalló el conflicto de Conga, me temo que no hay mucho rescatable. Desde el lado del Ejecutivo, las limitaciones del Presidente para hacer frente a situaciones conflictivas se han ido poniendo progresivamente de manifiesto. Al punto que se le percibe crecientemente como un personaje evasivo, desdibujado y fuera de foco, en sentido tanto literal como figurado. En cambio, cuando las situaciones –pero ya no hay muchas de estas en la coyuntura actual– permiten apariciones triunfales, reaparece con sus contornos precisos y delineados: mientras que los aplausos le dan consistencia, las pifias y exigencias lo desdibujan y llevan a huir. Como en Enredos de Harry, de Woody Allen, donde el personaje se va difuminando. Si a esto se añade la “táctica” fujimorista de rodearse de fieles mediocres, los presagios son ominosos.

Las recientes intervenciones del Premier nos eximen de mayor comentario. En su caso, una imagen vale más que mil palabras. Esas expresiones involuntariamente cómicas que los diarios se están turnando para reproducir son coherentes con el sinsentido de sus frases. Tampoco en la oposición hay mucho por destacar, por lo menos entre sus líderes, quienes no dejan pasar una ocasión de contradecirse, como Alejandro Toledo respecto de la presidencia del Congreso, o el propio presidente de ese organismo, quien se debe estar preguntando cómo llegaron las cosas a esta situación tan confusa, en donde Gana Perú se “fortalece” mientras se despluma de integrantes. Lo cual, tarde o temprano, obligará a estrechar lazos con el fujimorismo, con lo cual se consumará la hipótesis de que en el Perú quien pierde las elecciones, gana.
Lamentablemente los dirigentes regionales no nos han dado muchas razones para sentirnos esperanzados. Las declaraciones enardecidas de Gregorio Santos, quien ahora intenta moderar su discurso cuando el daño está hecho, comprueban que tampoco tiene la talla de estadista que se requiere para una situación tan compleja como la de Cajamarca. El encarcelamiento y excarcelamiento del alcalde Mollohuanca es otro episodio del mismo sainete. Los atropellos cometidos contra el fiscal, por un lado, y contra los integrantes de la Vicaría, por el otro, nos demuestran que la violencia es el lenguaje que, desgraciadamente, domina tanto las protestas como la represión. Ni hablar de los métodos montesinistas de sembrar “pruebas” tan grotescas como las que se han visto en estos días. Esperemos que esas manipulaciones tan burdas hayan sido exabruptos que no se volverán a repetir, pero sin mucha ilusión.

Y si queremos buscar refugio en la Iglesia, tengan cuidado de escoger bien a cuál entran. Porque si se les ocurre dirigirse al Arzobispado de Lima les puede pasar lo que a Gastón Garatea: el cardenal lo castiga por ser eso que los judíos llaman un mensch (una persona derecha, honorable, decente y de noble carácter). Exactamente eso que necesitamos para la política. Con el permiso del Premier, cerramos con Basadre:

“La política es movediza, sucia e ingrata, carece de reglas de juego, pues se arriesga en ella no solo lo que en otras partes sino también el honor, la libertad, el sustento y la vida”.
Lo cual explica muchas cosas, ¿no?

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Jorge Bruce Jorge Bruce

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".