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Los medios como espantapájaros

Por Jorge Bruce

No soy de los que piensan que la guerra sucia en estas elecciones ha sido equitativa, por así decirlo. Si bien los “potoaudios” iniciaron el proceso de demolición contra Lourdes –es interesante que a ambas candidatas las llamemos por su nombre de pila, ¿haríamos lo mismo si fueran hombres?–, en los tramos finales la prensa mayoritariamente ha enfilado sus baterías contra Susana. Todo indica que quienes se ensañaron con la candidata del PPC fueron los fujimoristas, cuyas balas dum-dum estaban recortadas para que ganara Kouri.

Pero el presidente regional del Callao salió por la puerta falsa. Entonces, como dice el Presidente de la República, el escenario se recompuso. Sobre todo por el ascenso de una candidata de izquierda, moderada y liberal. De pronto cundió el pánico. No en los mercados internacionales, como dijo con soberbia irresponsabilidad PPK, sino en los políticos locales tradicionales, con el mandatario a la cabeza. Eso no estaba en sus planes. Seamos claros: lo que no estaba en sus planes era la democracia.

Mientras las elecciones fueran entre el candidato más corrupto y la que estaba haciendo méritos, rodeada por un entorno que garantizaba la persistencia del modelo opaco y sucio de Castañeda, la cosa era cuestión de matices e intereses. Pero cuando comenzó a surgir de manera inopinada en las encuestas una candidata incontrolable, las pulsiones más primitivas de la derecha arcaica entraron en ebullición. De ahí en adelante asistimos a uno de los espectáculos mediáticos más nauseabundos que se recuerde desde la era de Montesinos. A mi parecer, lo aterrador es precisamente que Villarán sea moderada y liberal: “¡Ojalá fuera extremista!”, es el deseo inconsciente que se puede leer entrelíneas de esa campaña de difamación y alarmismo.

El extremismo político –tanto de izquierda como de derecha– y la corrupción son dos síntomas de la precariedad de nuestra democracia. Las elites tradicionales se acomodan muy bien con ambos, pues esas carencias les dan capacidad de medrar y manipular. Por eso, la posibilidad de tener una alcaldesa que rompa con esos paradigmas es vivida con tanta angustia y rabia narcisista, sobre todo de cara a las próximas elecciones, por los representantes del orden establecido. El drama es que Susana no es chavista ni castrista. Felizmente para sus enemigos, tiene candidatos a regidores del MNI y omitió cándidamente su participación en las propiedades familiares del Suche: ¡ya hay de qué agarrarse, compañeros!

Mientras tanto, se postergó oportunamente la sentencia a Cataño hasta después de las elecciones. Como si los graves problemas de nuestra ciudad y sociedad fueran declaratorias de pequeñas propiedades que figuran en registros públicos, y no asociación ilícita para delinquir en narcotráfico y lavado de activos, o bien importación masiva de autos que contaminan el ambiente y envenenan nuestros pulmones. Lo cierto es que la ideología, real o imaginaria, sí ha dominado este proceso electoral. Este domingo sabremos si hemos crecido como ciudadanos, o seguimos siendo una bandada de cuervos asustados por grotescos espantapájaros.

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Jorge Bruce Jorge Bruce

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del perú. Ha publica varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación y es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".