La negación es uno de los más socorridos mecanismos de la panoplia defensiva de la que disponemos individuos, grupos o masas. Una definición psicoanalítica sería: “un proceso psíquico que permite al sujeto formular negativamente el contenido de un deseo inconsciente”. En el célebre caso del Hombre de las Ratas, Freud cita esta frase en la que su paciente comenta uno de sus sueños: “Usted va a pensar que se trata de mi madre, pero no es mi madre”. Solo puede ser, por supuesto, su madre.
Un ejemplo reciente: Mourinho diciendo que no le interesa el partido con el Barcelona. La humillación que estas sucesivas derrotas contra su archirrival le producen hace que desee, más que la copa de la liga española, ganarle al Barza de Guardiola. Pero él lo niega porque, al ser tan narcisista, el dolor y la rabia que esas heridas le producen son tan intolerables que solo encuentra alivio negando lo que todos vemos. Sin embargo, envía a la cancha a Pepe el carnicero a ejecutar sus ganas primitivas de lastimar al adversario más temido: el Madrid pierde en su cancha pero Pepe le pisa la mano a Messi tendido en el gramado.
El Movadef hace algo análogo cuando pretende inscribirse como un movimiento político, anulando la impronta asesina de Sendero Luminoso. Las palabras “amnistía” y “derechos fundamentales”, exactamente aquello que les negaron a sus innumerables víctimas, suenan cínicas y desalmadas en boca de quienes no han sido capaces de arrepentirse ni reconocer sus crímenes. Pero lo más grave es que tras esa negación podemos advertir el deseo de llegar al poder, a fin de perpetrar con las armas del Estado lo que no pudieron concluir cuando nos declararon la guerra a los peruanos que no pensábamos como ellos. Dejarlos inscribirse sería, entonces, suicida.
Encontramos la misma negación de los hechos como del propio deseo de muerte cuando, tras 9 años de la publicación del informe de la CVR, diversos sectores insisten en presentarlo como apología del terrorismo, borrando conclusiones tan tajantes como esta: “El 54% de las víctimas fatales reportadas a la CVR fueron causadas por el PCP-SL. La estrategia de esta agrupación implicó el uso sistemático de métodos de extrema violencia y terror y desconoció deliberadamente las normas básicas de la guerra y los principios de los derechos humanos”. Siempre recordaré a César Hildebrandt, la noche de la presentación del informe en Palacio, al ver que Barba Caballero se empecinaba en negar lo que acaban de leer, preguntándole en TV: “Pepe, ¿en qué momento te volviste bruto y fascista?”.
Lo mismo pasa con esa izquierda que persiste en negar los crímenes del castrismo en Cuba, escudándose en la falacia de que los EEUU cometen peores atrocidades. Falacia no porque sea falso sino porque los crímenes de Hitler no lavan los de Stalin, como los de Al Qaeda no avalan los del ejército americano, y así sucesivamente, en esa espiral de muerte, negación y repetición que seres tan lúcidos y valientes como el escritor israelí David Grossman, quien perdió a su hijo en combate, intentan quebrar normalizando las relaciones con Palestina.
Hay otras negaciones menos sangrientas pero muy perniciosas para la democracia, como la del Congreso con Chehade. Al impedir que sea investigado por corrupción, gracias, entre otros, al voto de Yehude Simon, quien afirma haberlo hecho “porque así lo dicta mi conciencia”, se sitúan en el mismo lugar que el Hombre de las Ratas: niegan a su madre.