Por Armando Massé Fernández
Médico-abogado
El periodista César Hildebrandt dio una cátedra de conocimiento y objetividad, al reconocer y defender los derechos de autor en su exacta dimensión: “hay en el Perú unos criollazos disfrazados de anarquistas y de archiliberales, que lo que pretenden es que no haya legislación sobre la piratería ni definición de lo que es monra electrónica, ni castigo alguno para el robo de los intangibles” (Derecho de cita: César Hildebrandt).
Efectivamente, el Derecho de Autor es en definitiva una propiedad privada que no puede ser expropiada bajo la bandera pirata que le quieren dar a la tecnología digital y al internet. Según la IFPI, en el Perú se comercializan 300’000,000 de CD’s en blanco; Indecopi declara que el índice de piratería fonográfica en el Perú es del 99% y constituye la más alta de América; el presidente Alan García en su mensaje a la nación del 28 de julio último declaró que existen 22’800,000 de celulares, de los cuales la mayoría han sido expresamente fabricados para grabar y reproducir música… música que es una propiedad privada, y con la cual el autor lleva el sustento para su familia: alimentación, medicación y educación de sus hijos.
En Europa las leyes reconocen una compensación de ese daño que sufre el autor por el desplazamiento de la venta convencional de su talento, a lo cual se ha denominado Canon Compensatorio a la Copia Privada. Mediante este canon, que existe en la legislación peruana (Ley N°28131), cada disco en blanco viene pagando 0.10 centavos de sol y cada celular que tiene capacidad para grabar en su memoria un promedio de 300 canciones y luego regrabar más música sin ningún límite, debe pagar un promedio, por equipo, de US$ 2.5.
Las compañías telefónicas, esas mismas que le aplican al pueblo peruano las tarifas más altas de Iberoamérica y que no funcionan en los momentos de desastre, son las mismas que quieren enfrentar a la Casa de los Autores con toda la comunidad y en especial con nuestros jóvenes, que han sido mal acostumbrados a bajar música de la red sin ningún pago. Es bueno que sepan los jueces del Perú que hace dos semanas los tribunales americanos sancionaron con dos millones de dólares a Jhammie Thomas por descargar con fines de lucro música protegida, y la semana pasada se ha producido una segunda sentencia contra el estudiante Joel Tennembaum por US$ 675,000, por haber, igualmente, violentado la propiedad intelectual privada. Y ojo, señores, que esto está ocurriendo en el país más liberal del mundo.
No voy a responder a esos periodistas que denigran tan noble profesión y que por un plato de lentejas (auspicios, viajes y Jurados) venden su alma y pluma al diablo, y me emociono al saber que hay prensa independiente y muy crítica, pero a la vez justa, conocedora y prístina ¡viva Alfredo Kato, viva Aldo Mariátegui, viva Raúl Vargas, viva Hildebrandt!
