Por Armando Massé Fernández
Médico-abogado
La sentencia de un jurado de Minneapolis, Estados Unidos, que resolvió imponer una multa de casi dos millones de dólares contra la ciudadana Jammie Thomas-Rasset por el delito de violación de derechos de autor, ha dado la vuelta al mundo. La norteamericana tenía antecedentes de propiciar descargas de producciones discográficas de canciones populares protegidas originando así un daño a los titulares de esas obras musicales. En el Perú miles de personas descargan en sus computadoras o teléfonos móviles canciones cuyo dueño es algún autor, compositor y/o productor fonográfico del mundo, quien es el único que tiene el derecho de decidir la forma de explotación de su talento. En el Perú, para la inmensa mayoría de usuarios del Internet, resulta lejano pensar que algún día, por el solo hecho de hacer unas cuantas descargas de música, pueden ser multados con varios miles de soles. Y todas las personas, cuando descargan música, tienen plena conciencia que esa música es una propiedad privada y sin embargo lo siguen haciendo.
Lo más grave es que existen empresas que con cada descarga que propician tienen un ingreso económico directo o indirecto, pues venden publicidad a través de sus páginas webs a cambio de ofrecer descargas aparentemente de libre disposición. Esta noticia debe ser un claro mensaje para todos los jueces del Perú y todos los funcionarios del Indecopi. Deben tener en cuenta que cuando se quiere hacer realmente justicia no debe temblarle la mano a aquel que esta llamado a imponerla. Me pregunto si puede existir en mi país un juez valiente y conocedor de la materia así como un funcionario del Indecopi que asuma su rol para enviar claras señales a los cientos de infractores y delincuentes que lucran con la propiedad privada de miles de autores, compositores, interpretes, músicos y productores fonográficos de nuestro país, más allá de si estos son meros piratas del “hueco” o si son delincuentes de cuello y corbata que responden a intereses de otras banderas y que en virtud de sus lobbies y gran poder económico quieran licuar y diluir sus actos ilícitos. Como diría un conocido poeta, quiero creer y creo que en el Perú habrá más de un juez justo y valiente así como más de un funcionario justo en Indecopi para hacer prevalecer la propiedad intelectual de todos los creadores del Perú y del mundo. Quiero creer y creo que nuestros jueces en general no son menos que los jueces norteamericanos y castiguen drásticamente a todos los que se burlan de nuestros artistas al robarles con premeditación el sustento de sus familias.
Quiero creer, y creo, que más allá de los grandes bufetes de abogados que traicionan los conceptos de Justiniano por unas cuantas monedas de oro y más allá de los intereses de los monopolios transnacionales, podemos los autores, artistas y productores fonográficos en general confiar en la aplicación de la justicia sin tapujos, tarjetazos ni capturas del Estado.
